Una jornada completa ha durado la gala, de 10 de la mañana a 23 horas de la noche de ayer sábado. Observando rigurosamente el aforo, previa reserva de asistentes, respetando los turnos, las mascarillas y el lavado con el gel hidroalcohólico. Con todo esto, de forma escalonada, este año han podido entregarse los premios anuales de La Casapuerta, en su III Edición. , que ascienden a nueve, dedicado a otras tantas secciones (Literatura, Ilustración, Gastronomía, Comunicación, Carnaval, Música, Empresa Amiga, Premio del cliente y Premio Honorífico).

Luisa y José Manuel han sido los presentadores-conductores de esta pequeña casa de locos, dónde los distinguidos han recibido su momento de gloria, su reconocimiento, inmortalizado en un título diseño del artista Paco Asensio, que desea y consigue recrear el papel de estraza con manchas de grasa incluidas, símbolo de la cultura de taberna acogedora. El premio del jurado del público a sus trayectorias y vinculación con el establecimiento de calle Sagasta. 

A nuestra llegada, -escuchamos un último cuplé del autor Fran Sevilla Pecci, que terminaba su turno de agradecimientos musicales, tras recibir su premio en la modalidad de carnaval. Las paredes de La Casapuerta llevan muchas coplas encima desde su apertura.

Y a las 14 horas de Cádiz (sobre dos y cuarto), enmascaradamente, entregamos el merecido premio a Manuel J. Pardavila, gerente de la empresa Esteros Andaluces, que cría a demanda ostiones (ostras rizadas gaditanas). Ejemplo sin duda de industria sosteniblemente rentable, emprendedora y cuidadora del medio ambiente, y recreadora de un producto autóctono gourmet. Una firma para orgullo de todos los gaditanos, ya que estos exquisitos moluscos llegan a varios países de Europa. A continuación, brindamos con cerveza artesana gaditana, por la salud de todos estos artistas de la actividad económica, actores de guión propio. 

En el receso posterior y guardando las distancias, se repasó el mundo del carnaval, la cuestión de la carga en los pasos cofrades, los líos de los medios de comunicación, los embutidos de Arcos de la Frontera, la música de jazz, el café y su distribución, y las novedades de la buena hostelería de Cádiz. De todos estos temas tuvimos los mejores realizadores. El bar es el mejor plató para el rodaje de la vida de Cádiz, siempre variada, siempre divertida y siempre sorprendente por culpa de sus personajes, todos ellos eternamente nominados.

Y ya a las cinco de la tarde fuimos testigos del acto de entrega del premio de gastronomía de este año, que se lo ha llevado con gran merecimiento nuestra amiga Carmen Ibáñez Quignon, periodista, editora del blog Bien Despachao, y que lo recibió de otro amigo nuestro, Carlos Caburrasi, premiado el año pasado (recuerden, cervecero de patinillo).

La fiesta de los Goya gaditanos, película de muchos argumentos y formatos, cuyo denominador común es la generosidad de sus protagonistas, todos ellos serviciales, al dedicar tiempo y esfuerzo de modo desinteresado a divulgar sus conocimientos entre el público fiel de La Casapuerta.

Y lo que yo digo: en Cádiz es que no hay nadie normal!!