Conocimos a la pareja formada por Rafael Liñán y Patri Moliner durante su participación altruista en las jornadas anuales del Instituto Heliópolis de Sevilla en 2019. Estaban a punto de abrir Barra Baja, y nos sirvió para conocer su filosofía de cocina y apuntar en la agenda hacerles una visita. Ambos habían pasado por los fogones de Dani García, de Fernando Arellano, de los  Torres, Rafa Zafra, Cambio de Tercio y los hermanos Adriá, entre otros. Luego recalaron en Sevilla, en el Hotel Mercer, allá por 2016.

Pero llegaron las fiestas navideñas y luego la temible pandemia, y hemos tenido que esperar a su reapertura en el mes de julio pasado.  Así lo hicimos previa reserva.

La razón de ser de Barra Baja es ante todo la comunicación y la interacción de su cocina frente al público, en una “barra baja”, donde el cliente se sienta cómodamente y asiste a las tareas de cocina de Rafael Y Patri. Los fogones de Barra Baja están a la vista de todos, excepto la sala colindante, dedicada a la repostería. No obstante, en el momento actual esta barra baja está infrautilizada por las restricciones impuestas por la pandemia.

El local de Barra Baja es moderno, frescamente decorado y aislado, con una pequeña barra de espera, y dos ambientes muy diferenciados como son el comedor y la zona de cocina-barra.

Comenzamos con un entrante muy original, a modo de aperitivo, como los lingotes de sandía con oloroso, ciertamente sorprendente por su frescura y sabor. 

Continuó un rico salmorejo con su picadillo y un gazpachuelo frío con atún de almadraba. Dos platos muy personales de Barra Baja que trajeron sabor y colorido a la mesa.

El punto de pescado lo puso un rico pargo frito con mayonesa de adobo, muy originalmente emplatado además, que hizo las delicias del grupo, que éramos cinco.

Quisimos pedir también las albóndigas de choco con su tinta, de presentación y terminación propia, a las que también dimos buena nota.

Siguiendo con nuestra afición por el pescado, pedimos la lubina a la brasa con puerro asados y escabeche, un modo original de trabajarla y una original presentación.

Habríamos parado la selección si no fuera porque nos acompañaba nuestro hijo, y quiso pedir un plato contundente de carne: el Tomahawk, una chuleta en este caso de cerdo, que conserva su costilla y que hubo que compartir, con una carne jugosa y en su punto.

Siempre preguntamos el origen del pan, que resultó ser de Pablo Conesa, y los picos de Origen.

Barra Baja es un lugar acogedor, muy céntrico, que cuida mucho el detalle y sobre todo el producto de mercado, que influye en una carta cambiante.

En cuanto a los vinos, probamos con un tinto de la Tierra de Cádiz (ARX de Bodegas Tesalia), y que no conocíamos. Con tintilla de Rota, syrah, petit verdot y cabernet sauvignon.

Solo quedaba un buen postre. El primero, la famosa torrija caramelizada con sorbete de naranja (magnífica) y el segundo, para variar, los melocotones en almíbar con cremoso de oloroso y bizcocho de almendra.

En resumen, un almuerzo muy placentero, con la consiguiente separación de mesas, con un ritmo de platos muy acertado y con una carta justa y variada.

Es un ejemplo de la nueva cocina que se está haciendo en Sevilla, seria y con productos de calidad.