Hace dos días supe de su fallecimiento el pasado 10 de junio. La pandemia no se lo llevó, fue otra enfermedad la que vino cruelmente a por él. El confinamiento ayudó a silenciarme su muerte, que ni siquiera leí en las redes sociales. Luis Salas Delgado era junto con Eduardo Baraja, el alma de la Librería Céfiro, un establecimiento referencia de Sevilla, de los tiempos de los libreros-amigos, de los que aún perviven algunos para nuestra alegría. En la imagen, a la derecha.

Aparte del disgusto que no esperaba, recordé todo lo que viví en aquel céntrico local, al que semanalmente acudía con mi carrito de la compra, siempre los jueves, tras volver de la peluquería y la frutería: fui una afortunada, tenía en la misma manzana de calles la estética, la alimentación y la cultura. Y sobre todo en esta última, porque mi paso por Céfiro incluía no solo recoger y encargar libros, sino comentar cosas de viajes, de la Sevilla antigua y su patrimonio artístico, de las cofradías, de las entidades sociales y sus tareas y, para terminar, de gastronomía y salud. A tal efecto, Luis tenía dispuesta una clásica silla de brazos para el cliente. Confieso que me costaba mucho salir de allí.

A pesar del tiempo transcurrido tengo en mi archivo mental tres momentos muy especiales con Luis y con Eduardo, es decir, con la librería Céfiro:

El día en que colocaron mi primer libro –Los lunes, lentejas- en aquel magnífico escaparate doble haciendo esquina, que me hizo emocionar, al verme rodeada de los mejores autores. Yo, modestamente, me había convertido en escritora gracias a mis buenos amigos libreros.  

La segunda ocasión inolvidable fue cuando firmé ese mismo recetario en el stand de Céfiro en la Feria del Libro de Sevilla, allá por el año 2013, porque Luis y Eduardo tuvieron el detalle de adornar mi puesto de autora con una jarra de flores frescas. Sensibilidad y amabilidad siempre.

Y, por último, la foto que les hice en los días previos al cierre de la librería, en enero de 2017, lo que me dejó un hueco cultural y sentimental en mis circuitos de los jueves, en las tertulias vividas sobre temas variados y sobre todo de cocina, y, el recuerdo de una etapa que terminó por jubilación del titular, Eduardo.

Momentos de una época, vivencias de una librería con la que comencé mi biblioteca de cocina y gastronomía, y recuerdos de dos profesionales y amigos del mundo de la literatura, a los que quise y quiero mucho y que uno de ellos ya no volveré a ver nunca más.

Este artículo va por Luis Salas, gran conversador, gran amigo y un gran filósofo de las cosas de la vida, con el que pasé muy buenos ratos. Dio calor a aquella librería especializada en historia y que tuvo grandes clientes y algunos pequeños como yo.

Gracias por todo,

D.E.P. Luis.