El pasado día 16 participé –representando a la Academia Sevillana de Gastronomía y Turismo- en una ponencia para un curso on-line, patrocinado por el Instituto Europeo de Alimentación Mediterránea y organizado gracias a la Cámara de Comercio de Sevilla: “La Dieta Mediterránea, estilo de vida saludable”.

Acompañé a otros dos ponentes que fueron Sara Castro (Dietista-Nutricionista) e Inma Martín, en representación de la Diputación de Sevilla y su marca Sabores de la Provincia (Prodetur). Dejo el enlace a la charla. (Intervengo del minuto 4.20 al 14.30, además de responder al final a algunas preguntas). El evento estuvo coordinado por Manuel Montoya, por parte de la Cámara de Comercio. Y el tema que escogí se centró en “La Dieta Mediterránea en la Cocina Doméstica”.

Todos hemos oído hablar de las bondades de la Dieta Mediterránea, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Asumimos que se trata de uno de los mejores modos de alimentarse por salud y cultura. Pero de la teoría a la práctica va una gran diferencia. Creo que se abusa de su concepto-marca en los mensajes comerciales de muchos alimentos, cuando en realidad éstos no son ni responden a la calidad y naturaleza del alimento.  Y eso es lo que quise expresar en mi charla.

Por ello, en la parte central de mi ponencia hablé de la realidad de cada producto de la dieta mediterránea. Y no solo por el factor calidad, sino también por otros como las malas prácticas culinarias o el desconocimiento del propio producto. Y es que en la actualidad hay que ser muy selectivo para practicar en la cocina de casa una auténtica dieta mediterránea.

REFLEXIONES:

1.- EL ACEITE: (hablamos de a.o.v.e.), se le conoce poco y se consume menos en la cocina. Debería utilizarse para todo, incluso frituras.

2.- FRUTAS, VERDURAS, CEREALES, LEGUMBRES…. Veo un desconocimiento de recetarios y poca presencia en los menús de casa.

3.- EL PAN, la pasta y el arroz, mejor integrales. No olvidemos que la mayor parte de lo que encontramos es procedente de harinas refinadas. 

4.- ALIMENTOS POCO PROCESADOS, frescos y de temporada. Sería lo ideal, pero para ello habría que cocinar más en casa. No se valora el origen de los alimentos.

5.- PRODUCTOS LÁCTEOS: yogures y queso. Los yogures no son postres dulces, sino aliados del aparato digestivo. Y ojo a algunos quesos, que no merecerían ese nombre.

6.- LA CARNE ROJA CON MODERACIÓN: es la primera opción de muchos hogares en el menú diario, abusando de la carne a la plancha, porque se improvisa demasiado. Y en la cocina de casa, la carne se acompaña de verduras o hidratos de carbono, disminuyendo la ración.

7.- PESCADO EN ABUNDANCIA Y NO MUCHOS HUEVOS: el tema del pescado es también difícil de resolver, ya que no se cuida a veces su trazabilidad. Es necesario cocinarlo como guiso o al horno, más allá del frito. 

8.- FRUTA FRESCA COMO POSTRE. No transmitimos a los más pequeños la necesidad del consumo de fruta, introduciendo postres industriales.

9.- BEBER MUCHA AGUA: evitar bebidas azucaradas, algo que no siempre se consigue en las mesas familiares.

10.- EL EJERCICIO FÍSICO: es el gran complemento y aliado de la dieta mediterránea. Hay que luchar contra el sedentarismo.

La dieta mediterránea nos enseña valores fundamentales en relación con la naturaleza y su cuidado, además del factor placer en los sabores. Pero no siempre los alimentos que compramos responden a estos principios. Es preciso cocinar en casa, no montar platos.