Poco a poco vamos volviendo sobre nuestros pasos: aquellos sitios considerados nuestros, en los que hemos echado buenos ratos, en los que nos hemos sentido importantes, en los que hemos conocido a gente “archivable”, y en los que –además- nos han puesto una buena cerveza artesana servida en una buena copa…. pues sí, llegamos a La Casapuerta, en la calle Sagasta, Cádiz.

Nos encontramos con el gel desinfectante sobre un barril-mesa a la entrada,  el cartel de limitación de aforo y a Luisa con su belleza y alegría de siempre –esta vez enmascarada, pero con glamour-. No pudimos besarnos pero nos pusimos al día de cómo transcurrió nuestro “escondite” obligatorio.

Entro ya en materia: en La Casapuerta cenamos muy a gusto –en un lado de la barra solo para nosotros. Es la nueva normalidad, pero las fotos nos compensan:

Banderillas con: queso gouda, tomate seco, aceituna negra (de Arcos de la Frontera) y sardina ahumada (con yema de espárrago). Para empezar.

Loncheado de queso Payoyo con romero.

Montaditos de: chicharrones, carne mechada y caña de lomo. Todo de Arcos de la Frontera.

Tapitas de higo en almíbar, exquisitos.

El pan –es obligado decirlo también- procede del obrador Artesa, del mismo origen que la chacina.

No quiero ponerle a nadie los dientes largos, pero ciertamente disfrutamos de una cena informal, ligera, de casapuerta, pero con productos todos de verdad, de prestigio y de calidad.

Y para terminar, comentar que en La Casapuerta están a la venta una gran variedad de productos gourmet (cervezas artesanas, vinos, conservas, y también las salsas de vinagre romana).

Vuelta al pasado, del que hablan las muchas fotos que tenemos hechas allí, y que con esta visita en el presente refrescamos y actualizamos como si le diéramos a la techa F5. 

Muchas gracias de nuevo a Luisa Barrios por su hospitalidad.