Tengo el defecto de valorar los objetos con historia familiar, y, además, confieso mi adicción por arreglarlo todo, de modo que las cosas –ropas, muebles, lámparas, cuadros, libros, etc.-  se mantengan en un estado al menos digno de conservación y puedan seguir siendo útiles. Pero al final pasa lo que pasa, que acumulo demasiadas cosas.

También es cierto que a la hora de deshacerme de “trastos” lo hago con cuidado, procurando entregarlos a la persona adecuada y que puedan servirle para algo. No soy de tirar de cualquier manera.

Hoy quiero hablar de tres objetos de cocina que heredé hace algunos años. Ahora se llaman “protectores de asas”, para que google nos encuentre algo parecido. Es decir, sirven para que no nos quememos las manos a la hora de manejar determinadas cazuelas, ollas, cazos o peroles. En nuestros tiempos son pocos los cacharros que puedan quemarnos, tal vez los de hierro fundido, que algunos ya traen su protector de silicona incorporado. Y es que las nuevas aleaciones de baterías de cocina son magníficas, además de llevar material aislante.

Pero hace unos años era imprescindible usar estos protectores en asas laterales y en la tapadera de la cazudela. El fuego calentaba peligrosamente todo el contorno del cacharro y se hacía impracticable su manipulación. Y estos protectores solían ser de tela con refuerzo de varias capas. Creo que se les llamaba quemadores o algo así.

Los tres protectores de la imagen están hechos de lana y de hilo respectivamente. Pertenecieron a mi suegra (a la que no conocí), y evidentemente estuvieron al uso en su cocina durante muchos años, pues de hecho yo los encontré en su casa, junto a los fuegos.

Ella solía trabajar en sus ratos libres el punto y el ganchillo además de la costura en general, y en esta ocasión, está claro que empleó lanas que le habrían sobrado de los muchos jerseys que hizo a los niños y mayores de su familia.

Hoy los protectores de asas son de silicona y los venden por internet en colores chillones y adaptados a la forma y tamaño de las agarraderas. Pero en aquellos tiempos antiguos de fuegos de cocina “económica” e incluso de carbón, nuestras antecesoras se tomaron la molestia de hacerlos en tela o en lana, para tenerlos colgados y al alcance de la mano constantemente.

Esta entrada no tiene más importancia que la que yo le he querido dar. Antiguallas de cocina, objetos en desuso, aunque yo los estoy utilizando en mi cocina moderna de vitrocerámica y robots. Quiero decir que los estoy reciclando….