El pasado jueves los miembros de la Academia Sevillana de Gastronomía y Turismo tuvimos ocasión de celebrar la Asamblea General Ordinaria del año.  La crisis sanitaria nos obligó a retrasar este encuentro, y ahora, poco a poco vamos cumpliendo el calendario de fechas legales. Junto a la reunión con su orden del día establecido, pudimos disfrutar de un aperitivo y almuerzo en el Restaurante Manolo Mayo, una referencia hostelera de la provincia de Sevilla, situado en la localidad de Los Palacios y Villafranca.

Propiedad de los hermanos Mayo, el establecimiento se sitúa en los bajos de un edificio visible en el centro del pueblo, dedicado además a un negocio hotelero familiar. Manolo Mayo tiene de todo: barra, mesas altas y bajas para tapeo, amplia terraza, dos espaciosos salones para restaurante, infraestructura para catering y organización de celebraciones.

La firma es un ejemplo de la más completa hostelería, adaptada a todo tipo de formatos. Desde mi última visita, creo que ha ampliado y actualizado su estilo de cocina con nuevos y más atrevidos platos, además de su puesta en escena, que sigue siendo magnífica.

Una recepción con mesas altas para el aperitivo con heladera incorporada para la bebida, incluía entre otros la cerveza autóctona de Los Palacios –Ocho Huellas-. ¡Qué alegría probar una cerveza artesana sin tener que encargarla ni preguntar por ella expresamente (en sus variedades rubia y tostada) y a su justa temperatura!. 

La carta –confeccionada para la ocasión- incluía además en las bebidas: Fino Frasquito Reserva en Rama (Bodegas González Palacios); Petit Ocnos (Bodegas Colonias Galeón); y Zancúo (Bodegas La Margarita). Una selección de vinos de la provincia de Sevilla para maridar con productos autóctonos.  

Y en cuanto a los platos: Milhojas de tomate de Los Palacios con salazón y ahumados; Albur de Coria del Río macerado en cítricos con fondo de salmorejo y mango (excelente sabor y presentación); Arroz con pato azulón de las marismas (la especialidad de la casa); Suprema de lubina de Veta La Palma con verdurita al dente; Pluma ibérica de Sierra Norte cocinada a baja temperatura; y Torrija de verano (brioche con sopa fría y helado de macadamia). Todos ellos bien resueltos y presentados.

Diría que fue un almuerzo excelente, acompañado por el ambiente y decoración del salón, así como por el servicio de sala, atento y eficaz.

La asamblea transcurrió -entre otros asuntos- con una interesante puesta en común de las muchas cuestiones que están afectando negativamente a la hostelería, debido a la crisis sanitaria por la pandemia del Covid-19. Incertidumbre tal vez sea la definición más acertada de la situación que está viviendo, con graves perjuicios para el mercado laboral y para el pequeño y mediano empresariado. 

Por lo que respecta al Restaurante Manolo Mayo, solo puedo hablar de su buen hacer y de la calidad de su cocina, regentada con sensibilidad por Loli Rincón.