Como ya contamos en su día, la aceituna de mesa de Sevilla cuenta con Indicación Geográfica Protegida (IGP) en sus variedades gordal y manzanilla. Eso sitúa a este producto tradicional en el centro de los aperitivos, habiéndose incrementado su venta desde el confinamiento. Además, está incluida en la marca promocional «Sabores de la Provincia de Sevilla» que ha creado Diputación de Sevilla.

Alimento de calidad, que puede acompañar en la cocina a cualquier receta (desde entrantes hasta postres), la aceituna está siendo tratada por los chefs más reconocidos de nuestro país (#elretodelaaceituna).  La variedad manzanilla sin hueso, además, facilita su combinación con otros platos.

De hecho son varios los chefs embajadores que colaboran con la Interprofesional de la Aceituna de Mesa (Interaceituna), sumándose un total de 50 cocineros al reto. Tal como se indica, las aceitunas de mesa tienen una larga vida útil, no necesitan frío, llevan pocas calorías y muchas propiedades nutricionales.

Según indica el Panel de Consumidores KANTAR, las ventas de aceitunas se han incrementado un 68% en el mes de marzo pasado.  Es una buena noticia por ser un producto nacional que además tiene beneficios para la salud, ahora centrado en los aperitivos y menús familiares, ante la crisis por cierre de la hostelería.

Mi apuesta es por la aceituna de la provincia sevillana, que en 2019 se declaró además “Año de la aceituna de mesa” y que espero que dentro del estado de alarma por la pandemia, haya alcanzado buenos niveles de consumo en los hogares.

Productos que triunfan en España y que aquí en Andalucía, alcanzan niveles de excelencia por arraigo en tradiciones, vinculación con la tierra y creación de puestos de trabajo en el medio rural.

Nunca como ahora deberíamos tener siempre en casa aceitunas de mesa como aperitivo o tentempié, y si son sevillanas pues todavía mejor. Hay mucho trabajo detrás de una IGP.