Estuvimos almorzando un feliz 4 de enero, sábado, previo a la fiesta de Reyes, en un mediodía soleado. Llegamos a la Venta Melchor desde Cádiz con nuestro hijo y su novia. Comimos divinamente, como siempre. Un plato tras otro al centro cumplió las expectativas. Sacamos fotos y se guardaron como siempre en el disco duro de nuestro ordenador. Y allí se habrían quedado como un reportaje de los muchos que conservo de restaurantes, y que no habría publicado por evitar ser repetitivos, por no hablar siempre de mis favoritos.

Pero dadas las circunstancias, los días que llevamos sin salir de casa, sin una cerveza, sin sentir el calor de una barra de bar, o la felicidad de comer bien en un restaurante especial, me he visto en la necesidad moral de traer aquí aquellas imágenes, las de la Venta Melchor, con la jefa de cocina Petri Benítez atendiéndonos, aconsejándonos y tomándose una cerveza con nosotros al terminar el servicio.

Hoy estos recuerdos –que tampoco son tan lejanos como nos parece ahora- adquieren un significado especial, porque ahora tenemos limitados nuestros movimientos. Eso sí, tengo la tranquilidad de que siempre –me refiero a antes del confinamiento- he sabido disfrutar y valorar lo que he ido viviendo gastronómica y socialmente.

Comer bien es siempre un privilegio, y reunirnos toda la familia es un doble privilegio, hacerlo en libertad y con toda la salud del mundo.

Aquí van los excelentes platos servidos, con la esperanza de que pronto volvamos por allí, pero también por todos aquellos bares y restaurantes de Cádiz, Sevilla y Huelva en los que hemos disfrutado tanto, y a los que habrá que apoyar sin fisuras en cuanto todo esto termine. Todos ellos con su trabajo, cada uno en su especialidad, nos han dado muchos momentos de felicidad.

Papas alioli, ensalada de remolacha, fueron los dos entrantes exquisitos.

Croquetas de borriquete, tartar de atún con algas (una de sus especialidades), buñuelos de carabineros con tempura de camarones (obra de arte), huevos rotos con jamón ibérico y alcauciles (plato joya de nuestras tradiciones), almendritas al ajillo (especiales), garbanzos de El Navero con cola de toro (inolvidables), y

Mousse de yogur con mermelada de naranja y Mousse de turrón, los maravillosos postres con los que cerramos el almuerzo.

Recuerdos gastronómicos, ambiente festivo, buen clima, la mejor compañía y la luz de El Colorado (Conil) reflejada en los platos y en la luminosidad de la Venta Melchor. Pero podrían haber sido otros muchos lugares de nuestra mejor hostelería.

Todos queremos volver, y que sea pronto por favor.