Interesante el artículo publicado por la página GastronomíayCía sobre aquellos alimentos que gozan de una gran reputación por el consumidor, pero que en realidad son controvertidos en su origen, porque viven al margen de la ética y la sostenibilidad del planeta y deberíamos tenerlo en cuenta como consumidores responsables.

Las cuestiones polémicas de estos alimentos podrían estar relacionadas con la contaminación, el trabajo infantil, la deforestación, la escasez de agua y de tierras de cultivo, el trabajo esclavo, entre otros. Y es que elegimos los productos a consumir por factores como sabor, salud, sostenibilidad, etc.

Veamos algunos de ellos:

El aguacate: ha alcanzado un gran nivel de popularidad y reconocimiento. Pero el cultivo de este producto tan perecedero va unido a la deforestación, la reducción del agua disponible, el desperdicio alimentario, etc. Con estas premisas, los aguacates de comercio justo (ecológicos) sí estarían libres de sospechas. Igualmente ocurre con los aguacates que cultivamos en nuestro país.

La carne de vacuno: apreciada como alimento pero mal considerada por el volumen de gases de efecto invernadero asociado a su producción, los riesgos para la salud que conlleva su consumo, el derroche de recursos en la tierra y el agua, la deforestación, etc. Habría que reducir el consumo de carne, comprando carne de cría extensiva o ecológica.

Las ensaladas de cuarta gama o de bolsa: polémicas por el empleo de plástico en su presentación, un derroche de recursos y una gran contaminación plástica. Mejor optar por las verduras frescas sin envase.

La leche: un alimento rico en nutrientes y de buen precio, lleva el lastre de las granjas de producción industrial (muerte a los terneros por ejemplo). La alimentación debería ser a base de pasto evitando los piensos. Aún así seguirían los gases de efecto invernadero, por lo que habría que reducir los lácteos.

El bacalao: muy demandado por sus muchas cualidades como proteína, se está agotando, pidiéndose la reducción de las capturas para la recuperación de la especie. Y aunque se pone en duda la opción ética de los productos de proximidad (bacalao de Noruega), la huella de carbono es un factor negativo por el transporte.

La soja: solo se consume una parte de lo producido en el mundo, el resto es para alimentación animal. Aquí está el problema: deforestación y producción. Aquí no hay leyes que protejan la sostenibilidad.

El chocolate: utiliza grasas vegetales como el aceite de soja y  de palma en su elaboración. La gran parte del cacao viene de pequeños productores de Costa de Marfil y Ghana, con condiciones laborales indignas; trabajo infantil, deforestación, fluctuaciones de precios, etc. Hay organizaciones que trabajan en la protección ambiental de la producción del chocolate.

El pulpo: se captura por redes de arrastre, el principal inconveniente. Sin embargo, es un producto muy sostenible y que se reproduce rápidamente.

Cremas de frutos secos: seguramente llevarán aceite de palma (asociado a la tala de bosques). Aunque hay cultivos sostenibles de aceite de palma. Pero lleva un gran gasto de agua, explotación laboral, trabajo infantil, difícil trazabilidad, etc., Mejor sería la crema de cacahuete, por ser sostenible y necesitar poca agua, además de ser compatible por rotación con otros cultivos. Mejor crema de frutos secos sin aceite de palma, y frutos secos a granel y de proximidad.

Fuente: GastronomíayCía