El pasado miércoles día 26, se emitió en la tve1 un magnífico programa de la serie Comando Actualidad, dedicado a la situación conflictiva que vive el campo en España. Su título, “La patata caliente”. En dicho programa intervinieron casi todos los agentes que actúan en la compleja estructura de precios de los productos agrícolas. Y digo casi todos, porque no habló nadie en nombre de las grandes superficies.

Según la organización agraria COAG, lo normal es que el precio en origen del producto agrícola se multiplique por 4.43 hasta llegar al consumidor final; pero en el caso de la patata –por ejemplo-, éste aumenta un 635% hasta la tienda. Uno de los agricultores que venden a la cooperativa, concretamente, declaró que la patata se paga igual que hace 20 años, mientras todo lo demás ha subido de precio. También aludió a la competencia con productos agrícolas de otros países, que además no cumplen los estándares fitosanitarios de la Unión Europea.

El periodista sugirió al agricultor si la clave para poder vivir del campo son las grandes cooperativas, aceptadas por este último, a condición de contar con un precio mínimo.

En la Cooperativa Frusana, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), hicieron declaraciones varios corredores de alimentos, que comentaron la importancia de la demanda a la hora de ajustar los precios. Ellos suelen cobrar 2 cts/kg aproximadamente en patatas, pimientos o calabacín. Y pudimos ver imágenes de una subasta en directo, en la que una trabajadora de la Cooperativa interrumpe la puja, y ofrece comprar un lote para que el precio no siga bajando, lote que luego se venderá a otros mercas, evitando así la caída de precios. La patata es un producto muy volátil según indicaron.

El sector de mayoristas de productos agroalimentarios supone el 65% del mercado en España. Estos intermediarios cobran un porcentaje del 10%. Según indicaron, la gran mayoría de la patata que se comercializa en los supermercados españoles es francesa. Y es que las grandes superficies presionan según el volumen de compras, ya que pueden mover muchos kilos, acaparando el 80% de la producción.

Pero en los merca no se encuentran esas diferencias, y los compradores (pocos) se ponen de acuerdo. Como ejemplo, la patata de Sanlúcar –muy apreciada, de tierra de arena de playa- se compró a 1 euro y se venderá en fruterías a 1.40 euros, pasando por 3-4 manos, e incluyendo las inevitables mermas.

 

LAS EXPLOTACIONES AGRÍCOLAS:

Se estima que en los últimos diez años han desaparecido 43.000 explotaciones. Y para analizar este movimiento, se entrevistó a los autores de un estudio sobre este nuevo orden económico mundial que afecta al campo y su propiedad. Y es que hace diez años había 20% menos de agricultores y 9% más de superficie. El campo no se remunera.

El agricultor depende de la empresa de insumos (que son pocos). Son empresas que aterrizan, invierten solo para ganar y luego se van. La agricultura tiene mucho futuro, es un sector estratégico, con gran peso en la España vaciada.

Por otro lado, se calcula que desde 2000 a 2019 han cerrado 12.800 explotaciones lácteas. Y la producción se ha aumentado de 5 a 7 millones de litros. (De 60.000 a 20.000 explotaciones, supone una gran concentración de explotaciones y de número de vacas, sobre todo en la comunidad valenciana).

En Castilla y León, por ejemplo, son numerosas las macrogranjas, con más de 20.000 vacas en pueblos muy pequeños. Estas explotaciones se instalan en suelo público, y si luego desaparecen, se genera un gran impacto medioambiental.

Otro caso que se comentó fue la uva en Murcia, donde se produce el 85% de la uva de España, con tres empresas, que están participadas por fondos de inversión de capital riesgo.

Hoy día los agricultores mantienen contratos con las grandes corporaciones a largo plazo, que les dan estabilidad, pero están sometidos a ellos, es decir, viven pero están muy controlados. Estas empresas se lo dan todo (semillas, fitosanitarios, piensos….), pero existe el riesgo de que se marchen a otro país, dejando a estos agricultores en paro. Y es que, en la actualidad las cooperativas españolas son muy débiles en tamaño. En Francia ocurre lo contrario, de ahí el gran peso del sector agrícola en el conjunto del país galo.

El caso es que antes el agricultor era independiente y ahora es un asalariado más. Nuestros agricultores y ganaderos son empresarios muy innovadores, pero hay 45.000 familias en peligro. El 60% del sector rural se lo reparten 4 empresas, como por ejemplo en el mercado de las semillas, en manos de unos pocos; y la Administración lo ha permitido mediante acuerdos comerciales.

Los periodistas del programa entrevistaron también a los trabajadores  durante la faena de recolección de zanahorias, que en el caso de Sanlúcar van directamente del campo al supermercado. Pero el 62% de los trabajadores agrícolas es autónomos, y en este caso, antes se vendía a pérdidas, y ahora hay un cierto equilibrio.

Por ejemplo, en el caso de la leche de cabra, la pagan a 0,80 e/litro, cuando cuesta 0,70 euros. En la provincia de Málaga han pasado de 410 ganaderías lácteas a 220. El pienso es de primera calidad, y todo se vende a una sola compañía, con sus normas. En este oficio –declaran los ganaderos- no hay tiempo libre, ni una sola tarde.

También en Sanlúcar, en la Cooperativa Frusana trabajan 650 personas (con 350 socios), suponiendo 1.500 familias, y mostraron el boniato, dedicado el 80% a la exportación. El boniato es un salvavidas, un gran alimento.

Pero el agricultor es el único de la cadena que no sabe lo que va a cobrar. Falta dimensionar.

LAS MOVILIZACIONES CON TRACTORES

Fue el último tramo del programa, con unas imágenes de las tractoradas que han estado recorriendo nuestro país, por unos precios justos. Y es que del campo sale todo. Piden dignidad para el campo, que se está desmantelando con mano de obra barata. Declaran que llevan actualmente tres años a pérdidas y han mantenido los precios como hace 20 años.

De hecho no pueden renovar la maquinaria. Importaciones, aranceles, mientras que nuestros productos se miran con lupa en las exportaciones.

El que no trabaja en el campo no lo entiende.

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