Mostrar la huella que han ido dejando los judíos en Cádiz por símbolos arquitectónicos en fachada, fue el objetivo de una interesante ruta guiada por las calles gaditanas, dirigida por Fernando Rodríguez Izquierdo. El paseo se convirtió en una auténtica mesa redonda urbana, gracias también a la participación y aportaciones históricas y de la memoria de los componentes del grupo. La ruta fue el complemento del libro que Rodríguez Izquierdo publicó en 2018 titulado “Hebreos y judíos en la historia de Cádiz. Deportación en 1944”. El autor nació en el barrio de la Judería de Jerez, y su interés le ha llevado a investigar pero también a contactar con los descendientes de aquellos judíos sefarditas expulsados de España.  

Casas gaditanas como Suárez de Salazar, 11; Cobos, 19; Cristóbal Colón, 14; Plaza Mendizábal, 3; San Francisco, 25 y 63, y Valverde esq. Cánovas del Castillo fueron las fachadas frente a las que nos detuvimos para observar los signos hebreos que pervivían en ellos, a veces discretamente mostrados para no llamar la atención. El final de la ruta fue el monolito instalado en el Paseo de Canalejas (hoy Avda. 4 de diciembre de 1977), en cuyos lados figuran las inscripciones: Nyassa y Guiné (los dos barcos en los que salieron de Cádiz los hebreos en 1944); D. Ángel Sanz Briz (El Ángel de Budapest); Y a Moshe Yanai (y 500 Judíos que salieron de Cádiz en 1944). En el cuarto lado se acumulan piedras, siguiendo la tradición hebrea de colocar una piedra al visitar una sepultura.

Durante el recorrido descubrimos la representación de la menorá (símbolo hebreo) en las casas de los comerciantes criptojudíos (practicantes del judaísmo en secreto), y que pagaban por borrar su pasado judío, como ocurrió en Jerez. Hablamos de fiesta de las luces en diciembre (ocho, una vela por cada día). Se comentó la compra de privilegios, materializados en las cadenas de las fachadas, que daba inmunidad contra la Inquisición. Y se recordó la existencia de alguna pileta con agua de manantial para las abluciones rituales. 

El autor del libro, Fernando Rodríguez, indicó también el descubrimiento en Cádiz de candelabros de dos velas, de la aparición de una alacena con instrumentos para el culto, o de las conchas con siete enervaduras, como pudimos contemplar a lo largo del paseo. Son pequeños pero grandes vestigios que aún nos van quedando en una ciudad con una historia tan rica. 

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Otro tema interesante al que se aludió durante el paseo fue el de los apellidos registrados por los hebreos al cristianizarse, como Valencia o De la Rosa, o incluso nombres de oficios. Estos apellidos venían a sustituirá los de origen judío.

Y volviendo al contenido del libro, en él se hace un repaso a los personajes y acontecimientos relacionados con la población de origen judío en España y en Cádiz, y con la salida de los hebreos desde el puerto de Cádiz en 1944, en pleno régimen franquista, gracias al decreto vigente sobre nacionalidad de los hebreos sefarditas que los protegía. A la espera de zarpar, todos ellos estuvieron confinados en el Hotel Playa.  

La obra de Rodríguez -además de algunos datos históricos- recoge sus propias vivencias de viajes y encuentros con los descendientes de aquellos hebreos, por varios países del mundo, así como sus propias historias personales durante la etapa del Holocausto. Hablamos concretamente de los sefarditas (hoy con nacionalidad española y portuguesa), que hablan todavía un bello castellano cervantino, sin olvidar a la que fue su patria y de la que fueron expulsados hace más de quinientos años.