No siempre me toca entrar en los establecimientos de mi selección. A veces tengo que tomar café o una cerveza en algunos bares o cafeterías que no conozco, simplemente porque me viene de camino y porque voy con un grupo de personas que ha decidido parar allí mismo. Y aunque siempre espero descubrir alguna tapa o plato interesante en ellos, es cierto que hay algunos productos que en principio no me dan confianza, salvo que luego me demuestren lo contrario, que puede ser. Son éstos:

El café: en general, es muy raro que te pongan un buen café en el primer sitio que entres. Lo normal es que esté fuerte, infumable para mí, que además no le pongo azúcar ninguna. Incluso detesto que me sirvan el café en un vaso de cristal en lugar de una taza. Por ello, para no correr riesgos, suelo pedir una infusión en su lugar.

Las croquetas: a bote pronto desconfío de que las croquetas se hagan en el mismo bar, porque sé el trabajo que dan, y que por ello suelen servirse ya hechas desde centros mayoristas especializados para la hostelería, cosa que no es lo mismo que cuando se hacen croquetas en la cocina propia. Pero bueno, si hay que probarlas, las pruebo, que no se diga.

Los dulces y tartas: en general suelen ser industriales y eso se sospecha cuando los camareros no dan demasiados detalles sobre su origen. Por ello evito pedir ningún pastel o tarta en bares que  no conozco, a menos que ellos mismos insistan y declaren que son artesanos de ellos mismos o de alguien conocido y de buen oficio.

La ensaladilla: cada día es más corriente que la ensaladilla se haga en esos mayoristas de producción alimentaria, que la elaboran con ingredientes mediocres, resultando una ensaladilla que no sabe a . Hay que tenerlo en cuenta. 

Revueltos de setas: suelen estar hechos de setas deshidratadas, y, a menos que el cocinero sea un artista, lo normal es que salgan un poco pochas y tristes en el conjunto. Las setas son un alimento gourmet cuando están recién cogidas. Así que en principio me lo espero todo.

El pan: casi siempre ponen un pan industrial, sin consistencia y por supuesto pan blanco. Es cierto que cada día somos más exigentes con el pan, dado que constantemente estamos probando masas de categoría. Cuando alguien en su bar nos sirve pan propio, lo admiramos como un héroe.

Papas aliñás: soy muy pesada con este plato, porque lo hago mucho en casa. Y lo normal es que en los bares te sirvan unas papas de mala calidad, viejas y medio rotas o lo contrario, duras. El aceite suele estar en exceso y para colmo más frías de la cuenta, porque no la sacaron de la nevera a tiempo.

Y es que hay muchos bares en nuestras ciudades, porque hay mucho público y mucho turismo, y no creo que todos puedan darse el lujo de contar con una buena cocina para preparar todas sus tapas o su repostería. Y, por otro lado, no todos se preocupan de comprar buenos productos como el café de calidad, porque su primer objetivo es calcular el coste,  lo cual es lógico.

Por contra, tengo que admitir que en la actualidad casi todos los bares ofrecen en sus desayunos buenos aceites de oliva virgen extra, lo que resulta toda una conquista.