De viernes a sábado hemos tenido un variado recorrido navideño-musical en Cádiz. En el primero asistimos a uno de los cinco conciertos solidarios (a beneficio de Cáritas) que Diario de Cádiz organiza bajo el título En Clave de Navidad, concretamente el celebrado en la capilla del Colegio San Felipe Neri (Extramuros). Y el sábado, disfrutamos de la fiesta mejicana de Las Posadas, tradición de origen pre-hispánico de la navidad del país azteca, y que tuvo lugar en el Espacio Quiñones (junto a La Caleta). Ambos eventos tuvieron su final gastronómico, en base a su cercanía, de lo que también hablaré.

En el concierto de San Felipe Neri, actuaron varios profesores de la Escuela de Música (Rosina Montes, Daniel García, María Lebedeva, Inmaculada Arjonilla y Fátima Batista), junto a la coral polifónica, bajo la dirección de Daniel Borrego, que envolvió el espacio con sus preparadas voces. Además, contó con la impagable actuación de nuestra amiga Inma Márquez, que interpretó un villancico y la conocida “La Alacena de las monjas”, de Carlos Cano. Un concierto que nos emocionó y nos dejó un agradable recuerdo sentimental, a modo de paz para estos días.

A la salida del concierto, teníamos muy cerca la abacería Tinoco, un espacio hostelero sin cocina, pero que cuenta con la mejor gastronomía de conservas, embutidos, encurtidos y bebidas de la provincia. Allí celebramos una pequeña cena-fin de fiesta, en el que además descubrimos las nuevas propuestas de su propietario.

Al día siguiente, en el Espacio Quiñones, a la hora prevista, las ocho de la tarde, el numeroso público, entre el que nos encontrábamos, intentaba entrar en el local pidiendo posada, frente a los “moradores” con vela encendida en mano. De eso va la tradición mejicana navideña, de pedir posada para María y José, sin éxito, mientras que solicitud y respuesta se expresan con cantos, tal como lo cuentan los miembros de la Asociación Mejicanos en Andalucía, promotores de esta celebración en Cádiz.

Cuando por fin accedimos y tomamos asiento, pudimos disfrutar de las canciones de la cantante mejicana Karina Ortiz, que nos regaló boleros, corridos, rancheras y variadas canciones románticas. Karina alegró el espacio con su potente y magnífica voz y el revoloteo de sus faldas multicolores. Sin duda la alegría mejicana se contagia fácilmente a través de música y gritos de mariachis. 

El evento continuó con la exposición y rotura de La Piñata, a la que hay que embestir con los ojos vendados (símbolo de la fe), ofreciéndose más tarde alimentos mejicanos como ponches de frutas, chips con guacamole y por supuesto, tequila.

Finalizamos el acto un poco antes del público y buscamos donde cenar, y, tuvimos la suerte –cosa rara- de encontrar sitio en La Tabernita,  ese legendario y eficaz mini bar de tapas de la calle La Palma, en el barrio de La Viña. Allí nos atendieron con rapidez y buen ritmo, con croquetas caseras del puchero, minihamburguesa con bechamel, ensaladilla de pulpo y albóndigas de choco. Un ejemplo de tapeo gaditano servido con profesionalidad y calidad, además de un ajustado precio. Por cierto, tienen vinos gaditanos.