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El gaditano Rafael Garófano (jubilado de la docencia y de la política), ha publicado recientemente un libro fruto de sus investigaciones sobre las salas de cine comercial en Cádiz, durante su última década de gloria, antes de la crisis. Los años elegidos no son casualidad, ya que en 1961 empieza a introducirse la televisión en España y el cine va perdiendo audiencia. “El cine, los cines y Cádiz 1950-1961” es una obra interesante a cuya presentación asistimos hace un par de meses, y está editada por la Universidad de Cádiz.

El autor ha obtenido los datos de archivos públicos, hemerotecas y archivos especializados, incluyendo los de la Universidad de Cádiz (UCA) y de los antiguos cineclubs. Fueron años en los que la Iglesia y sus movimientos sociales y culturales crean cines para atraer a la gente joven y apropiarse la fórmula por la influencia social. Fernando Quiñones, el gran escritor gaditano del siglo XX y un personaje polifacético, jugó un papel importantísimo como crítico cinematográfico en Cádiz. 

En los años 50 había en la ciudad de Cádiz 17 cines, (7 de invierno y 8 de verano, junto a 2 de verano-invierno). Pero ya la crisis del cine había empezado en Estados Unidos. Era evidente entonces un desfase cultural con España.  Hoy día, la información fluye por todo el mundo a través de internet y redes sociales.

Subraya el autor las secciones de crítica cinematográfica, que entonces estaban condicionadas a las políticas de censura y además, sufragaba la publicidad. Y otra figura importante fue Donato Millán, funcionario de Aduanas, preso en julio de 1936, llegando a ingresar en el Ateneo.  Su sección de crítica en el Diario de Cádiz se llamaba “Visto y no Visto”.

Jaime Pérez Llorca, uno de los padres de la Constitución de 1978 y recientemente fallecido, creó en Cádiz el mundo de los Cineclubs. Se hicieron 1.000 carnets de socio en un mes. De ese modo, hubo proyecciones cinematográficas en la Casa de América y en El Palillero entre otros.  Eran años previos a la firma de acuerdos militares con Estados Unidos, como el de la Base de Rota en Cádiz y se vieron algunos gestos «políticos» de acercamiento diplomático en la ciudad por parte de los americanos. 

También José Vassallo Parodi, hermano del escultor y maestro del Ayuntamiento, fue un gran aficionado al cine y tras estudiar en la Escuela de Cine de Madrid, utiliza el séptimo arte como instrumento cultural, fundando un cine infantil municipal, en la calle Arbolí.

El caso es que de los 50 a los 60 el cine era mucho más, aunque con la censura tanto de la Iglesia como del gobierno. Los mejores estrenos eran los domingos de resurrección. Y en Cádiz a veces se estrenaban películas antes que en Madrid, según las distribuidoras. La publicidad se instalaba en fachadas, con carteles hechos artesanalmente,  y como ejemplo el de “Lo que el viento se llevó”, la película más popular del momento. 

En cuanto a los niveles de la censura, había una calificación moral, que fijaban unos Comités de Censura nacionales con obispos. (Todos los públicos, de 14-21 años, más de 21 años, o calificación 3R). Eran interesantes los anuncios en las películas.

El libro de Rafael Garófano hace un repaso por la historia de todos los cines comerciales que había en Cádiz a principios de los 50 : Popular Cinema y Gran Teatro Falla, Cine Gades y Municipal, Delicias y San Carlos, Avenida y Teatro Andalucía, La Palma Terraza e Imperial, España y Caleta, Brunete, Maravilla y Nuevo y Cine Mar. La obra contiene ilustraciones de los largometrajes históricos, así como varios capítulos dedicados a la crítica cinematográfica en otros países.

El Cine, los cines y Cádiz (1950-1961) es una obra para nostálgicos y curiosos de una época pasada mejor, pero que tuvo una gran influencia cultural en la sociedad de entonces, y que todos deberíamos conocer como nuestra propia historia.