El 10 de diciembre de 1989, en la Ópera Comique de Paris, Slow Food se convertía en el gran movimiento internacional. Delegados de diversos países del mundo (quince en aquel momento) firmaban el Manifiesto fundador de la organización con Carlo Petrini, su promotor,  iniciando así un proyecto que nos ha llevado a proteger y revitalizar la biodiversidad del planeta.  

Los objetivos están muy claros: “nuestra comida, nuestro planeta, nuestro futuro, corresponden a sus lemas bueno, limpio y justo”. Por ello,  el Convivium de SevillaySur hemos compartido un almuerzo a base de cocina de sobras, llamada también de aprovechamiento en España, y al que han asistido 14 miembros de SlowFood.

Dice Carlo Petrini, que lo que ponemos en el plato tiene un papel clave para garantizar el futuro de nuestro planeta. Al mismo tiempo, tampoco podemos permanecer indiferentes ante la pérdida incesante de la diversidad, el deterioro progresivo de los ecosistemas y la crisis climática por la que pagamos las consecuencias a diario.

El lugar escogido para el almuerzo ha sido Estraperlo, local de tienda de productos ecológicos y de restaurante kilómetro cero. Un lugar donde se come muy bien en Sevilla, en el barrio de El Porvenir. Y los platos servidos han sido:

-Crema de batata al horno con leche de coco (con las batatas que han ido quedando).

-Croquetas (ternera y pollo de los restos de cocido y también de espinacas).

-Garbanzos especiados con hierbas y arroz (resto de garbanzos cocidos).

-Postre, yogur con manzana asada.

Las bebidas –cervezas artesanas y vino tinto- han sido del terruño y kilómetro cero respectivamente.

El haber almorzado a base de sobras de otras tantas comidas nos da idea de lo que podemos hacer por evitar el despilfarro en la alimentación. No olvidemos que –junto a la hostelería y la restauración colectiva- son las familias las que tiran más alimentos a la basura, un 30% según estimaciones. 

El almuerzo acogió también un debate sobre las inquietudes ante el futuro de la alimentación y sus diferentes tendencias actuales: veganismo, ecología, lucha contra el maltrato animal, producción industrial de alimentos, etc., que no vienen sino a complicar el derecho de todo ser humano a la alimentación de calidad y a la protección de la naturaleza. 

La producción, la comercialización, la distribución y el consumo de productos se encuentran en un circuito complejo y lleno de intereses globales que propician las desigualdades, el hambre y las enfermedades.

Al final, tendremos que defender y apoyar los formatos menos dañinos de la industria agroalimentaria como son los mercados de abastos, las tiendas de cercanía y las cooperativas del campo. Y, por supuesto, hay que fomentar el cocinar en casa, que es fundamental.

 

Hay que seguir eligiendo comida buena, limpia y justa. Seguimos eligiendo Slow Food.

 

A continuación, reproduzco el texto del Manifiesto de Slow Food:

MOVIMIENTO INTERNACIONAL PARA LA TUTELA Y EL DERECHO AL PLACER

Este nuestro siglo, que ha nacido y crecido bajo el signo de la civilización industrial, ha inventado primero la maquina y luego la ha transformado en su propio modelo de vida.

La velocidad nos ha encadenado, todos somos presa del mismo virus: la Fast Life, que conmociona nuestros hábitos, invade nuestros hogares, y nos obliga a nutrirnos con el Fast Food.

Sin embargo, el homo sapiens debe recuperar su sabiduría y liberarse de la velocidad que lo puede reducir a una especie en vías de extinción.

Por lo tanto, contra la locura universal de la Fast Life, se hace necesario defender el tranquilo placer material.

Contrariamente a aquellos, que son los más, que confunden la eficiencia con el frenesí, proponemos como vacuna una adecuada porción de placeres sensuales asegurados, suministrados de tal modo que proporcionen un goce lento y prolongado.

Comencemos desde la mesa con el SlowFood, contra el aplanamiento producido por el Fast Food, y redescubramos la riqueza y los aromas de la cocina local.

Si la Fast Life, en nombre de la productividad, ha modificado nuestra vida y amenaza el ambiente y el paisaje, Slow Food es hoy la respuesta de vanguardia.

Y esta aquí, en el desarrollo del gusto y no en su empobrecimiento, la verdadera cultura, es aquí donde puede comenzar el progreso con un intercambio internacional en la historia, en los conocimientos y proyectos.

Slow Food asegura un porvenir mejor.

Slow Food es una idea que necesita de muchos sostenedores calificados, para que este modo (lento) se convierta en un movimiento internacional, del cual el caracol es su símbolo.