Desde el año 2003 –por iniciativa de la Cofradía Gastronómica “El Dornillo”, se celebra en la localidad de Valdepeñas de Jaén la Fiesta de la Matanza de la Sierra Sur de Jaén. Se trata de evocar una tradición que aunque ya no se realice con las mismas circunstancias del pasado, sí supone un modo de recordar su significado social, cultural y económico, cuando las familias mataban a sus cerdos, criados junto a sus casas, y este animal les proporcionaba sustento para todo un año.

De ese modo, se mataba y procesaban todas las partes del cerdo, optimizando su carne, huesos, vísceras y sangre. La Fiesta de la Matanza es un modo de acercar historia y tradición, ahora que los animales deben por ley sacrificarse en mataderos y son estas empresas las que suelen procesar su carne.

En Valdepeñas de Jaén estuvimos este pasado fin de semana, en el que además ejercí de pregonera -labor en la que debutaba con cierto pánico- y que fue un auténtico honor. El pregón de este año es el que hace el número 7, y busca ensalzar tradiciones y prácticas relacionadas con la tierra de este rincón de la sierra jiennense, ahora rodeado de olivares y de sonidos de chorros de agua.

Nuestra estancia no llegó a las 48 horas, pero aprovechamos el tiempo de un modo espectacular, compartiendo gratas experiencias gastronómicas con los ya amigos de esta localidad, y gracias a la Cofradía El Dornillo; de ese modo vivimos al ritmo de un pueblo serrano, que no alcanza los 4.000 habitantes, y que tiene una joven alcaldesa, que siente y trabaja por su pueblo.

Al llegar el sábado por la mañana nos incorporamos como jurado de la ruta de tapas –seis establecimientos- que elaboraron platos utilizando siempre la carne de cerdo o los embutidos locales. Tengo que decir que la experiencia en esta ocasión fue muy original, ya que los cocineros –que salieron de su habitáculo para explicarnos el plato del concurso- nos contaron también las dificultades que tienen para colocar sus tapas, dada la irregularidad de la afluencia de los clientes. Sinceridad culinaria.

Terminado el circuito y hecha la valoración de las tapas, a falta del premio del público, la noche nos trajo varios encuentros interesantes. Lo primero, conocer el molino de Santa Ana (siglo XVI), que su dueño y ex molinero Serafín, nos mostró y explicó su historia, mientras funcionaba la maquinaria –siglo XVI y posterior XIX-. En sus instalaciones asistimos a una de las mejores catas de iniciación de aceite de oliva que hemos conocido, gracias a Sole Román, responsable del Centro de Interpretación del Olivar.

La noche finalizó con una cena en una bodega de decoración popular, dónde además de los embutidos propios del lugar, degustamos tortillitas de camarones, por gentileza de los miembros de la Cofradía Los Esteros, que las prepararon en directo.

Y el domingo comenzó en la Casa de la Cultura, con el Pregón de la Matanza, dónde una servidora, pregonera, fue presentada por el mediático Chef Enrique Sánchez, otro honor.

Siguió la entrega de los premios embajadores del aove de Andalucía 2019, el hermanamiento de la Academia del Gazpacho Andaluz y la Cofradía Gastronómica El Dornillo, la investidura de nuevos miembros honorarios de El Dornillo (anfitrión y organizadora del acto), y el almuerzo de la matanza, con intervenciones de grupos locales y el reconocimiento a los colaboradores.

Resumiendo, un fin de semana distinto, con el protagonismo de la carne de cerdo y sus formatos, del mejor aceite de oliva virgen extra y de un pueblo muy especial, en dónde los árabes en el siglo XI gestionaron con eficacia los recursos hídricos. Luego, la Reconquista convirtió al lugar en pueblo junto a otras ocho localidades.

Y tengo que decir que hemos conocido a gente muy interesante procedente de diversos sectores.

Gracias a la Cofradía Gastronómica El Dornillo por su generosidad con nosotros.