Con este titular tan ambicioso, dimos esta tarde una pequeña charla en el Bar La Casapuerta, que tantas voces culturales amigas ha acogido en sus pocos años de vida. En un mediodía de domingo soleado y de excelente temperatura, nuestro objetivo fue hacer llegar a la gente el valor de la cocina propia, la de casa, como arma para perjudicar un poquito menos al planeta, cada vez más castigado.

Además del resumen por escrito de lo que debía contar, me llevé un delantal (símbolo de la tarea ineludible de cocinar para comer bien); una fiambrera (como guía de la división, conservación y posible congelación del guiso de casa como aprovechamiento); una agenda con vista semanal (para sugerir la planificación de los menús diarios y no repetirlos); y una talega de tela (para ir a comprar y conservar el pan). Con estos simples elementos intenté transmitir la necesidad de comprometernos en pequeños gestos de cada día, resumiendo mi modesta ponencia en estas claves:

-Despilfarro, medidas para minimizarlo

-Huella ecológica, definición y desarrollo.

-Cocina, la de casa, medidas y técnicas.

-Compra de productos locales y temporada.

-Disminución del consumo de carne roja.

-Residuos, la necesidad de evitarlos.

-Educación alimentaria, imprescindible hoy.

Bien, pues con estas indicaciones estuve hablando alrededor de tres cuartos de hora, con un público muy participativo e interesado, que al final es lo más gratificante. 

Este tipo de charlas dirigidas a todo el mundo responden a nuestra inquietud por el cuidado del medio ambiente, y, sobre todo, de nuestra propia salud, que va paralela a la del planeta.

Son muchos los países que están tomando medidas para minimizar y reciclar residuos, que además están siempre en consonancia con la alimentación humana.

Lo dicho, los ciudadanos de modo organizado, podemos influir sobre las grandes decisiones políticas en favor de la salud del medio ambiente, paliando también las epidemias de obesidad y otras enfermedades evitables que últimamente están creciendo de modo alarmante entre la población. 

Hay que intentarlo: nuestra cocina es un acto de libertad ciudadana.

Por cierto, La Casapuerta está ofreciendo para acompañar a la bebida -además de quesos y embutidos-, unos magníficos encurtidos caseros. Los recomiendo.