Acabo de comprobar en mis archivos y en los de Cosas de Comé, que el bar-restaurante Quilla ha cumplido diez años de vida. Y creo que continúa con el mismo estilo de cocina, de tapeo y de mesas de restaurante con encanto. Pocos sitios como éste para disfrutar de la luz de la playa de La Caleta, con comodidad y buen producto, y a la vista de los dos castillos que mandó edificar Felipe II: San Sebastián y Santa Catalina.

En hostelería hay y tiene que haber de todo: diferentes niveles, vocaciones, especialidades y calidades en producto, cocina y servicio. Y Quilla viene manteniendo –repito- su parcela propia de cocina marinera con un toque moderno y buenos vinos de la tierra junto a alguna cerveza artesana. Podría decirse que Quilla no tiene una cocina de trámite.  

Su cocinero, Jorge Reyes, un gaditano con oficio y experiencia, está conservando la solera conseguida durante todos estos años e incluso dándole una vuelta a algunos platos. Nuestro almuerzo fue ligero, a base de raciones al centro:

La ensaladilla marina (lechuga de mar, wakame, salicornia, langostinos, atún ahumado, aceituna, patata, alioli de manzanilla) es uno de sus clásicos, y en esta ocasión me pareció incluso que había mejorado desde la vez anterior. Un plato riquísimo para los que amamos el sabor a mar.

Foie de bacalao con tostaditas, muy contundente, es ideal para degustación en grupo, no obstante nos encantó.

Croquetas de salicornia y langostinos (llamadas en su origen salicorniquillas), unas croquetas con personalidad propia, también especialidad de Quilla. Siempre las pedimos.

Hamburguesa gourmet: como somos de poca carne, pedimos este plato para compartir (hicimos bien por cierto). Concretamente la de queso de cabra y mermelada de tomate. Llevaba patatas fritas de verdad.

Y el postre: como siempre, por homenajear y poner a prueba el cocinero: Leche frita con crema de arroz con leche y canela. Riquísimo postre frente al mar.

Y no quiero olvidarme de las papas aliñás de Quilla, como entrante, porque tienen la originalidad de llevar verduras crujientes, en una textura distinta.