Las palabras se gastan de tanto usarlas y pierden su digno y duro significado original, porque cualquiera las adapta a sus gustos o intereses. Esa conclusión saqué recientemente, cuando asistí a una charla sobre vida saludable, dirigida por una persona que se autodenominaba de vida sana en las redes, y que luego aportó a la reunión una serie de productos comercializados que eran suplementos alimenticios….que además decía completar con ejercicio y dieta equilibrada, incluso facilitando recetas. Todo ello sin identificarse como profesionales del sector (dietista/nutricionista o sanitario).

Siempre digo que me gusta estar al tanto de todo lo que se menea en nutrición y gastronomía, por aprender. Asisto a charlas, leo libros –procuro seleccionar-, escucho opiniones, y por supuesto sigo a los grandes profesionales, que afortunadamente están ahí y son los que saben.

Cierto que no siempre lo que voy conociendo coincide con mis principios (que de momento son los mismos), pero eso no quita que busque compartir espacios comunes de filosofía y criterios. Ahora, lo del otro día traspasó todas las líneas rojas de mis creencias, porque se trataba de una reunión puramente comercial y no cumplía a mi entender ninguna de las pautas dedicadas a la alimentación saludable.

Por supuesto, no voy a hablar de nombres ni de marcas, ni tampoco publicaré las fotos que hice durante el acto. Pero sí, quería llamar la atención sobre lo que se “traga” la gente que en algún momento de su vida desea mejorar su calidad de vida, obtener un mayor bienestar, perder algunos kilos…. Y, claro, cocinando lo menos posible. Craso error, pienso, cuando se busca sustituir un preparado alimenticio por un alimento fresco, que tiene todo lo necesario para nuestro organismo y además es más barato.

Éstas eran sus hipótesis:

-Los alimentos cada vez tienen menos calidad. Es verdad en parte, pero se trata de saber lo que compramos y ser un poco más exigentes con lo que comemos, evitando procesados.

-Es necesaria la suplementación y la desintoxicación del organismo, a base -por cierto- de consumir una serie de productos hechos a base de frutas y verduras con un cierto procesado (no llegué a leer las etiquetas) ingeridos regularmente, y algunos incluso como sustitutos de una comida.

Pero lo cierto es que: se facilitan consultas personalizadas sin tener un local de atención, sino vía web. Y al parecer, los preparados alimenticios no son precisamente baratos. Además, no se habla de cocinar a diario ni de saber comprar. Es puro consumismo “dietético”.

Tenía que escribir sobre esto. Pasé un mal rato escuchando mensajes que van contra mi modo de pensar. Yo también busco información sobre qué hacen o dicen otras personas o empresas sobre este particular, lo que llaman vida saludable. Fui a la reunión por la curiosidad de sus argumentos y evidentemente me equivoqué.

Pero aprendí sobre lo que en mi opinión, no debería hacerse.  La cocina de casa está en peligro.