Lo de hoy no va ni de cocina, ni de alimentación ni siquiera de cultura, conceptualmente hablando, sino de comunicación e influencia en internet. La mediática web de Pablo Herreros publicó hace poco una entrada con una clasificación muy interesante sobre los influenciadores que escriben en la red (influencers les llaman), es decir, todos aquellos que publicamos con regularidad en medios digitales y que presuntamente tenemos muchísimo, mucho, poco o ningún influjo sobre nuestros presuntos lectores (seguidores).

Herreros, cuya página se llama “Comunicación se llama el juego”, habla de términos anglosajones (yo prefiero castellanos), como nanoinfluencers, microinfluencers, youtubers, instagramers, bloggers, gastroinfluencers, etc., todo ello según el medio empleado y los contenidos en los que se especialicen.

La motivación para escribir en un blog o web es sobre todo económica (el llamado marketing de comunicación), si bien es cierto que puede darse por un deseo innato de compartir conocimientos sin más. Ése es mi caso, como otros muchos blogueros, que llevo escribiendo desde el año 2008.

Veamos los tipos de influenciadores según Herreros (además de instagramers, youtubers o tuiteros), y de menos a más.

Nanoinfluencers: tienen más o menos 1000 seguidores, que son más bien amigos, lo que supone una imagen de cercanía. Nada de grandes audiencias para aprovechar el tirón en acciones publicitarias. Ellos escriben solo de aquello en lo que creen, es decir, son los más fiables.

Microinfluencers: dice Herreros que son “especialistas en un área de conocimiento”, y su masa de seguidores se mueve entre 10.000-100.000 lectores. Son personas que se han hecho famosas compartiendo noticias en la red de un determinado tema. Por ello, son muy rentables para organizar acciones de marketing.

Social media influencers: son aquéllos que se hicieron famosos en internet gracias a lo que escriben, consiguiendo miles de seguidores y unas audiencias bestiales.  Sus seguidores no lo son por los temas sino por el carisma personal que desprenden sus opiniones.

Aparte, Herreros habla de los profesionales prestigiosos por su propio trabajo, cuya influencia se extiende por la red. Estas personas son las que aparecen en anuncios de televisión por ejemplo.

Famosos de medio pelo es otro de los grupos considerados, personas sin apenas preparación intelectual o profesional pero que actúan como prescriptores en ciertos productos con gran éxito de audiencia; lo mismo que los celebrities o personalidades con perfiles en la red, de alto nivel. Su influencia -positiva o negativa- puede llegar a ser planetaria. Y no olvida a las altas personalidades de una influencia espectacular (deportistas de élite o incluso de la nobleza).

En fin, después de este análisis sobre los tipos que personas que actúan digitalmente con sus opiniones sobre nuestros comportamientos, creo que pertenezco a los de menos peso, es decir nanoinfluencers, y no porque me considere influyente sobre alguien, sino simplemente porque tengo menos de 2.000 seguidores.

Eso sí, en este intervalo nos conocemos todos –profesional y casi personalmente, y en la mayoría de los casos compartimos aficiones e ilusiones.

Por cierto, en el grupo en el que me muevo, no suelo opinar demasiado sobre temas distintos a la cocina, gastronomía, alimentación o cultura…creo que porque mi objetivo es ser de utilidad en este mundillo, el cual también crea opinión para intentar mejorar la sociedad. Y, evidentemente, sin cobrar un duro, como muchos amigos míos blogueros, que también son nanoinfluencers o influenciadores de casapuerta, como decimos en Cádiz.