No es una tarea popular, pero es absolutamente necesaria, lo haga el lavavajillas o lo hagamos a mano. A mí, la verdad, el fregado no me molesta demasiado, porque lo considero un trabajo imprescindible para poder trabajar en la cocina, aunque no todo el mundo lo vea así. Fregar supone limpiar, escurrir, secar y guardar cacharros de cocina (algunos en lugares incómodos) y, al final, recoger encimera y secar bien todo.

En esta entrada quería resumir la noticia que la página Directoalpaladar dedica a las normas del fregado a mano, cuando o bien no tenemos máquina o bien los cacharros no entran en ella por su tamaño, o porque no conviene lavarlos en el lavavajillas por su posible deterioro. Veamos los consejos que propone, algunos de ellos ya nos lo decían nuestras madres:

  • No dejar el fregado para después, lo más tarde al terminar la comida. Así se lo pondremos más dificíl a los bichitos. Y si no se pudiera, añadir agua y algo de lejía.
  • Quitar restos de comida de los platos y cacharros.
  • Lo ideal es usar dos pilas, una con agua caliente y jabón y otra con agua para el enjuagado.
  • El agua cuanto más caliente, mejor y emplear guantes para proteger las manos.
  • Empezar fregando lo que esté menos sucio.
  • Cambiar los estropajos con frecuencia, y los trapos de cocina deben lavarse a alta temperatura y no utilizarlos cuando están húmedos, sino cambiar a otro limpio.
  • Mejor secar a mano, además evitaremos que algún cacharro se oxide.
  • Limpiar el fregadero al acabar y secar inmediatamente.

Y es que hay una generación que no ha conocido ni practicado el fregado a mano, salvo a veces, introducir los cacharros en el lavavajillas y darle al botón de inicio. Por ello es útil recordar todo esto.

Fregar no es agradable, pero es imprescindible para mantener la cocina en perfecto estado de revista y con garantía de limpieza e higiene para cocinar y para comer, que no es poco.