Guardo recuerdos de una de las Casas de las Cinco Torres, dónde pasó mi abuela paterna sus últimos años de alquiler: mármol, anchos pasillos, bañera con patas, grandes ventanales y techos con pinturas de Abarzuza, en patio de claraboyas. Recuerdos de olores del siglo XVIII. Ahora, abajo, insertando esas memorias mías, ha abierto Almanaque, un coqueto y pequeño local como “Casa de Comidas”, que aprovecha impagables suelos desgastados y paredes de piedra ostionera, y dónde hablan también los grandes ventanales. Allí estuvimos, que ya nos tocaba.

Almanaque, regentado en gestión y en cocina a cuatro manos por Juan Carlos Borrell y Pedro Aguilera (de sólida formación y amplia experiencia) es un local aprovechado en detalles y luminosidad. Para mí, la Plaza de España es siempre un sitio especial, es el Cádiz elegante incluso con crisis e infravalorado en nuestro pasado, y elegante es la puesta en escena de su cocina, aunque sencilla y discreta.

Tiene una carta breve pero interesante y muy bien explicada en sus ingredientes, creo que distinta, única, porque sus platos no se parecen a ningún otro de los de última generación en Cádiz. Eso está bien.  

Pero cuentan con su tapa de ensaladilla como entrante, riquísima. Y original también el cuenco de camarones cocidos que me recuerda a mis jornadas de marisqueo infantil, aunque con aromas de la Alameda. Bien por tener varias cervezas artesanas (Estraperlo); por cierto, la IPA vasca (Imparable) nos encantó.

Otro aperitivo delicioso fue la media noche de pescadilla y salsa tártara, sorprendente. Probamos también el encebollado de calamar, un plato de distinta composición a lo tradicional, con una salsa excelente.  

El arroz con choco, gambas y cañaillas, genial, al modo valenciano. Y mira que no es de mis favoritos, pero riquísimo. Gran detalle el de las gambas peladas –y al vapor- pero con sus cabezas.

Un vino tinto por copas (éramos dos y teníamos limitaciones), el Cobijado, (Tempranillo, merlot, syrah y tintilla de Rota), armonizó el almuerzo en su justa medida y nos dejó un buen sabor de boca.

Ah! y el postre, milhoja de piñones, de categoría.

Almanaque tiene un toque distinto, una cocina limpia y bien trabajada en medidas frugales. Espero poder probar otros platos en sucesivos cambios de carta.

Buena decisión la de instalarse en ese lugar. Almanaque, con sus cocineros y su personal de sala,  le está dando color y otra vida a la zona, un lugar elegante pero que no presume de ello.

Como diría Juan Carlos Borrell (padre), ¡¡»gran categoría»!!