Fue uno de los reportajes de Informe Semanal emitido en tve1 el pasado 3 de agosto. Varios pueblos de la Serranía de Cuenca se han puesto en pie de guerra contra la prevista instalación de una macrogranja en su comarca, con capacidad para criar 2.700 cerdas reproductoras; son Villalba de la Sierra, Portilla y Zarzuela. Las tres localidades viven del turismo de naturaleza. En sus manifestaciones han llegado a hacer una gran cadena humana contra este proyecto de ganadería intensiva, y han creado la Asociación Plataforma Serranía Limpia y Viva.

Los tres pueblos se han llenado de carteles contra la macrogranja. Allí se vive del turismo, en pleno Parque Natural de la Serranía de Cuenca, y las poblaciones temen que se acabe con su mayor fuente de riqueza que es el turismo rural. Este tipo de explotación ganadera produce desagradable olor a purines (de mala calidad además para convertirse en piensos). El objetivo de la empresa de ganadería intensiva es mantener 250.000 animales en comarcas de Albacete, Ciudad Real, Toledo y Cuenca, llegando a matar diariamente más de 10.000 cerdos.

En otras zonas de España saben de la experiencia de este tipo de explotaciones, como en Cataluña y Aragón, así como en otros países tales como Dinamarca y Finlandia, que en algunos casos incluso están retirando estas macrogranjas debido a sus múltiples perjuicios medioambientales y económicos en el entorno.

Por parte de la empresa explotadora se declara que en la tramitación del proyecto se están llevando a cabo numerosos estudios medioambientales y de sostenibilidad, sometiéndose a la legislación vigente y aprovechando la cercanía al matadero para hacer la industria más sostenible.  Pero el proyecto sigue generando un gran rechazo en las poblaciones de la comarca.

Greenpeace, la ONG medioambiental, está participando activamente en la campaña en contra de la macrogranja, declarando que esta explotación industrial es altamente contaminante: emite amoniaco, metano, además de lo que supone la gran cantidad de antibióticos necesarios para la cría de este ganado, por lo que pide reducir la cabaña ganadera intensiva.

España lidera el ranking europeo de explotaciones industriales porcinas, siendo el 4º productor mundial. La producción de esta carne ha aumentado un 273% desde 2014, generando además 62 millones de metros cúbicos de excrementos.

El propio Ministerio de Agricultura declara que el 46% de las aguas subterráneas españolas están en riesgo de padecer filtraciones por contaminación por nitratos y por estiércol, y de hecho tenemos expediente sancionador abierto en la Unión Europea.

De todos es sabido que este tipo de explotaciones industriales emiten sustancias tóxicas, además de contaminar las aguas, producir malos olores en los acuíferos, y se considera que las leyes vigentes no garantizan evitar el impacto medioambiental con sus mecanismos de control. A pesar de que nuestro país es uno de los más rigurosos en la regulación legal de estas industrias.

España es una gran exportadora (sobre todo a China) de este tipo de carne, producción gestionada por multinacionales que obtienen grandes beneficios. Pero las macrogranjas, con sistemas de ganadería intensiva están bajo el punto de mira porque perjudican gravemente el medio ambiente. Son industrias que exportan carne de calidad mediocre y crean pocos puestos de trabajo.

Son los problemas actuales, decisiones empresariales que comprometen el futuro de nuestro entorno natural y con ello nuestra calidad de vida y nuestro futuro.