Una tarde de martes cualquiera en Cádiz. Voy de reincidente a la visita guiada al edificio de la calle Arbolí, 5, una de cuyas fachadas contiene el muro monumental del siglo XVIII. De nuevo Juan Antonio Vila, (explorador cultural), guía al grupo de casi cuarenta personas. Y ya van 79 visitas desde julio de 2017. ¿No conoces todavía lo que fue La Casa de la Camorra?. Intentaré resumir.

Cádiz crece en el siglo XVIII y se construye en lo que era Arrabal de Santiago, en el Barrio de las Escuelas (por los jesuitas), un teatro de la ópera italiana, de producción propia, para 1700 personas, y con 60 palcos. En el Coliseo, de madera y con cuatro alturas, se representaron óperas italianas durante 17 años, desde 1739. Tras las indagaciones de Vila y otros solventes estudiosos, han ido apareciendo los libretos originales de las óperas hasta recuperar 50 originales, impresos en la Imprenta Real de la Marina. 

En la maqueta de Cádiz (Museo de Las Cortes), se distingue perfectamente el edificio. En el Teatro de la Ópera hubo dos estrenos mundiales. Allí se vendían refrescos, agua, fiambres y dulces. Desde 1767 acogió bailes de carnaval.

Los músicos vivían y ensayaban en la llamada Casa de la Camorra (por el ruido y quejas de los vecinos); y cerrado el Teatro, el lugar albergó otros usos como el Liceo Francés (con 27 compradores ricos), y así hasta nuestros días. Cádiz fue entonces el centro del mundo. En el buscador de mi blog hay muchísima información.

Salgo antes de tiempo hacia el antiguo Club Marte, junto a la puerta de La Caleta, ahora Espacio Quiñones. Camino por el Campo del Sur, y el viento de poniente me acaricia. Paseantes y ciclistas sortean las vallas de las obras. El espacio está cedido por el Ayuntamiento a la Asociación de Amigos Fernando Quiñones. Salón y terraza con piedra ostionera. El atardecer se nos ofrece gratis en los baluartes. Dentro de los martes culturales, encuentro con Matilde Cabello, periodista y escritora cordobesa, pregonera del carnaval cordobés. Asiste público del Ateneo de Puerto Real.

Se habla de la copla del primer tercio del siglo XX, que convive con la dictadura, ya renombrada por el régimen “canción española”. Lectura de textos por la autora, poesía amorosa y la voz y distinción de Inma Márquez interpretando coplas de desamor, de infidelidad, de clandestinidad y de pasión, pero también de desenfado. La mujer, sus dificultades, humillaciones y acomodos al sistema dentro del ciclo de su propia vida y supervivencia, todo por ser mujer. Contado con arte, pasión y sentimiento desde la pura realidad.

Este martes recordamos la represión social femenina, a todas aquellas “otras” que quisieron o no tuvieron más remedio que “sacar los pies del plato”, aunque Cádiz era de lo más tolerante. 

Y una delegación de la barra de la Peña Juanito Villar trasladada al Espacio Quiñones. Otro punto cultural para las tardes-noches caleteras. Literatura, cine, conciertos, poesía y canción, en pequeñas pero intensas dosis.

Cádiz, en un martes cualquiera del mes de julio, que acabó con una demostración de gazpacho fresco, de elaboración propia de Jerónimo Torrejón (Momi), dueño del bar de la Peña Juan Villar. Una buena costumbre ésta de hacer el gazpacho y tenerlo en carta en temporada para los clientes.

Siempre busco mi coartada gastronómica.