Esta mañana he intervenido dando voz a la cocina en una ponencia “totalmente casera”, junto a catedráticos y científicos expertos en alimentación y nutrición, en uno de los seminarios de los cursos de verano de la Universidad de Cádiz, “La ciencia en la gastronomía y la salud en los fogones. Retos de una nueva alimentación”.  Le puse por título: “Retos y amenazas de la cocina doméstica actual”.  El público estaba formado en su mayoría –alrededor de 30 personas- por estudiantes de enfermería, alumnos de escuelas de hostelería, futuros emprendedores del sector gastronomíco, “Erasmus” y personas interesadas en la cocina y la alimentación. Ha sido un honor.

Desde una perspectiva del cocinero de casa y su trabajo, hemos partido de los antecedentes de la cocina doméstica española, que ha ido evolucionando rápidamente a partir de la incorporación de la mujer al mercado laboral, ya que los fogones eran competencia totalmente femenina. A esta visión le ha seguido la lógica evolución social y económica reflejada en la cocina, con la aparición de los electrodomésticos de conservación y congelación, así como las pequeñas herramientas auxiliares (batidoras, robots, microondas, etc.). Y de ese modo, hemos llegado a la situación actual de la cocina casera.

Pero la falta de tiempo y el poco interés por buscar alternativas para cocinar los menús de casa están convirtiendo el oficio de cocinero doméstico en una especie a extinguir a medio plazo, sobre todo cuando la industria está “maquinando” para poner cada vez más propuestas de platos preparados (aunque sobradamente procesados).

De ahí que nuestra charla haya girado en la necesidad urgente de coger el testigo de comprar adecuadamente y con criterios de calidad las materias primas por un lado; y por otro, lograr engancharse al compromiso de cocinar para comer todos los días en casa y caliente.

Necesitamos convencer a los jóvenes de que hay que aprender a cocinar para transmitir salud, sabor, cultura y sostenibilidad. No vivimos solos en este planeta. Y la cocina es cosa de todos y la tierra también.