Con la entrega de diplomas y de un ejemplar de mi libro «Los Lunes, Lentejas» a las alumnas, finalizó el pasado lunes un taller más de cocina saludable, dedicado a extranjeros que buscan trabajo en el servicio doméstico. En esta ocasión fueron siete jóvenes originarias de El Salvador, Colombia, Venezuela y Nicaragua. Algunas de ellas tienen regularizada ya su situación en España y otras están a la espera. Pero estos talleres son los últimos que organizaremos para este colectivo en particular con Congregación María Inmaculada, y por tanto, suponen el final de un ciclo.

Han sido ocho años, 20 talleres y alrededor de 250 alumnos, el 95% de ellos extranjeros. Hemos desarrollado el programa de cada taller y sus recetas y no hemos suspendido ninguna clase, es decir, hemos cumplido con nuestro compromiso como voluntarios.

Ya he dicho alguna que otra vez que estas labores son algo incómodas, como lo es cocinar fuera de casa, pero sigo insistiendo en que los alumnos nos han motivado por su interés, sus ganas de aprender y el deseo de comenzar una nueva vida en España.

Se acaba un ciclo de trabajo y dedicación con buenos y regulares recuerdos y ya hemos recogido los delantales, ollas, cacerolas, peroles, cucharones y batidoras,  todo un ajuar culinario, que se trasladará a otros lugares con necesidades de aprendizaje de los fogones para cocinar o para trabajar. 

Ahora toca buscar nuevos proyectos para formación en cocina, como uno de los objetivos de la Asociación Comeencasa, a través de nuestra vocación de voluntariado. Será después del verano. Y eso esperamos.