Hace meses que hablé del libro “Alimenta a tu familia de forma saludable”, de Carlota Máñez y Mónica Carreira (Editorial Plataforma actual), como una obra muy interesante para recorrer las necesidades alimenticias de hijos y adultos en la familia. Hoy me gustaría resumir lo que habla el libro sobre los productos alimentarios que existen en el mercado dedicados a los bebés, y que muchos padres compran para incluir en la alimentación infantil, pensando en mejorar la salud de sus hijos pequeños.

Leches de crecimiento: para niños a partir del año (no confundir con la leche para lactantes).  Estas leches se recomiendan en campañas publicitarias para niños de 1-3 años y los padres suelen preguntar a los profesionales sobre la conveniencia de dársela a sus hijos. Los pediatras declaran que no son necesarias para unos niños que se alimentan de modo equilibrado y variado con leche de vaca.

Esto se debe a muchas razones: por su mayor e innecesario aporte calórico, por no ser deficitarios los bebés europeos de los nutrientes de estas leches, porque además esos nutrientes se pueden encontrar en otros alimentos, y por existir riesgo de hipervitaminosis. Y por último, estas leches son más caras.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) también lo indicó en un informe: que estas leches no son necesarias para un bebé sano.

Cereales para bebés: aunque son uno de los alimentos básicos para el comienzo de la alimentación infantil, hay que llamar la atención sobre la gran cantidad de azúcar que contienen. Otras opciones son papillas con cereales integrales, por su calidad,  o también papillas de avena preparadas en casa, e incluso cereales tostados sin añadidos y mezclados con maíz, trigo tostado o arroz inflado.

Yogures para bebés: resulta que tienen un contenido de azúcar elevadísimo. Por ello, hasta que puedan tomar el yogur natural no azucarado (9-10 meses), deberían tomar leche simplemente. Estos yogures llevan muchos aditivos.

Potitos: todavía –aunque menos- se ofrecen a los bebés en lugar de los purés hechos en casa.  El libro indica que aunque están cocinados al vapor, su perfil nutricional es bastante pobre, pues están hechos de manera industrial, con grasas vegetales poco saludables, sin poder saber qué tipo de carne o pescado contienen. Los potitos deberían reservarse para ocasiones especiales como viajes o desavíos puntuales.

Potitos de frutas: parece que se introduce en la alimentación de los bebés que detestan la fruta, pero no es una buena solución. Nada como ofrecerles fruta fresca triturada o troceada. Ya la comerán.

Galletas para bebés: los super están llenos de galletas en sus estanterías, y por supuesto no están indicadas nunca para los bebés por ser un alimento superfluo e innecesario, por muy enriquecidas que digan estar en vitaminas y minerales. La OMS ha declarado que los niños no necesitan azúcar en sus alimentos.

Todo lo dicho viene a aclarar dudas sobre lo que deberíamos y no deberíamos ofrecer a nuestros bebés, en su proceso de incorporarse a la alimentación de los adultos. Y, desde luego, nada como hacerles la comida en casa. 

Me habría gustado tener este libro hace 30 años.