Allá por los años 80 (no sé la fecha exacta porque tendría que buscar la documentación), mi padre recibió de manos del Director General de Correos y Telecomunicaciones –cargo por debajo del ministro- esta insignia que muestro en la imagen, como medalla al mérito de Telecomunicaciones.  Una condecoración laboral que mi padre recibió en un acto privado con mi madre en el edificio de Correos de la Plaza de las Flores, en Cádiz.

No sé quien propuso a mi padre para la concesión de esta medalla, que se complementaba con una especie de broche para la solapa de la chaqueta. Y no estoy segura de si en casa llegamos a valorar este premio lo suficiente.

Sí fui conociendo el estilo de trabajo de mi padre, funcionario de bajo salario y larga jornada. De pequeña recuerdo que trabajaba muchos domingos y no sé si se lo compensaban económicamente. Él decía siempre que los funcionarios de Correos estaban “militarizados” y que no podían protestar de sus condiciones. Estamos hablando de los años 60-70.

Papá fue primero cartero gracias a unas oposiciones, con su bachillerato superior, y después de muchos años lo ascendieron a jefe de Cartería en la central de Correos. Su trabajo le obligaba a recorrer un barrio dos veces al día para hacer el reparto de la correspondencia, y sin carrito, cargada en el hombro.

A nosotros siempre nos enseñó que el trabajo era lo más importante y que había que hacerlo bien. Y sus hijos aprendimos la lección completa. Él amaba ser cartero y llevar cartas con mensajes de empleo, de bancos, de familia, de salud y de amor. Tiempos en los que la vida viajaba en sobres.

Hoy, Día 1 de mayo he sacado esta insignia de la que estoy orgullosa, casi como si fuera mía, porque me recuerda lo importante que es el esfuerzo en el trabajo, la dedicación y la responsabilidad.

Solo lamento que hayan existido tantos buenos trabajadores –que malos también los he conocido- y que no hayan sido considerados por los empleadores, ni tratados como se merecen.

Creo que el trabajo es cosa de dos partes, y cada una debe cumplir con su obligación. Mi padre recibió esta medalla que lo elevó de categoría laboral sin variar su nómina, solo su satisfacción personal. Y para nosotros fue y es un orgullo tenerla ahora que ya no está entre nosotros.

Feliz Día Internacional del Trabajo. Que no le falte a nadie.

 

P.D. La imagen inferior es de una foto hecha por los vecinos del barrio de La Viña, en Cádiz, calle La Palma 9.1º. en febrero de 1965. Fue una especie de homenaje: “Por simpático y veloz nuestro cartero es el mejor”. ¡Qué grande fue mi padre!