Estos garbanzos ganan en sabor con los días. Un plato riquísimo, fácil de hacer y muy apropiado para esta semana, teniéndolo preparado al volver de casa. Los piñones hacen de complemento, convirtiendo el plato en completo en propiedades nutritivas. Como ya sabéis, los garbanzos son mi debilidad, y éstos son de Escacena (Huelva), con Indicación Geográfica Protegida. Una receta casi idéntica la encontré en Directo al Paladar.

 

Ingredientes:

200 g de garbanzos, 300 g de espinacas frescas, caldo de verduras casero o en su defecto agua, una cebolla mediana, dos dientes de ajo, medio vasito de salsa de tomate casera (hecha en casa, vamos), pimentón, sal, aceite de oliva virgen extra y un puñado de piñones (mejor los nacionales, aunque son más caros).

Los garbanzos se dejan en remojo la noche anterior. El agua utilizada no se tira, se aprovechará para completar líquido con la cocción de los garbanzos durante una hora y media al día siguiente. 

Mientras, se ponen a pochar en aceite la cebolla y los ajos; cuando estén, se les añade la salsa de tomate, removiendo durante  durante un minuto, terminando con el pimentón unos dos minutos aproximadamente. Se añaden las espinacas y todo ello van a la cazuela con los garbanzos ya tiernos y los piñones. Se corrige de sal. Unos pocos minutos serán suficiente para acabar el potaje.