Cuando escucho hablar de la gastronomía de carnaval como una especialidad festivo-culinaria, ciertamente me echo a temblar. Nos bastó un simple recorrido el pasado sábado por las calles céntricas de Cádiz,  buscando tapas sencillas, para reafirmar nuestra opinión. Puestos precarios de abastecimientos bocadilleros y pizzeros por todos sitios, junto a basura con envases desperdigados por el suelo; cosa normal, consecuencia de la gran afluencia de público ávido de fiesta callejera, difícil de controlar. Pero también los bares de siempre pierden parte de su calidad y servicio, cosa que también es justificable, porque no dan abasto.

Al final, hay que conformarse con un par de cervezas y algún embutido, algo poco elaborado con que confortar el apetito que marca la hora, mientras se buscan coplas por las calles saturadas. Esto es Carnaval.

Pero el domingo pasado, un poco alejado del núcleo de la fiesta y de la “bulla” oficial, tuvimos la suerte de probar tres platos hechos como si no fuera Carnaval: de ortiguillas fritas, de papas aliñás y de garbanzos con chocos. Los tres pasaron con notable nuestra puntuación, desde el centro de la mesa, aunque primero fue en barra, compartiendo con cuchara individual. 

Hablo de la Peña Flamenca Juanito Villar, junto a la puerta de La Caleta. La bóveda dónde residía el Cuerpo de Guardia del Castillo de San Sebastián, a cuya entrada daba servicio. Hoy ocupa el espacio esta activa peña flamenca, que cuenta con una cocina clásica de pescado y guisos tradicionales, que está abierta a socios y público en general, en un enclave privilegiado.

Nos refugiamos allí para ver la actuación de nuestras amigas, las componentes de la chirigota ilegal “Si, sí, espérate ahí”, que este año van de la que fue emperatriz Sisí. Y la suerte fue poder contar con la mitad de una de las mesas situadas junto al escenario, sillas incluidas,  por la cortesía y eficacia del dueño del bar de la Peña (Jerónimo Torrejón «Momi»), que nos la ofreció, permitiéndonos contemplar el espectáculo con toda comodidad. Ya sabemos cuánto se cotiza medio metro de barra o de mesa en el Carnaval de Cádiz, además de que compartir mesa en los restaurantes está de moda en Europa.

Buena gestión de cocina y sala la de la Peña Juanito Villar, divertida actuación de la chirigota callejera Sí, Sí, espérate ahí, con diademas imperiales, sedas rosadas, miriñaques expansivos y guantes con románticos encajes; para rematar, unas zapatillas deportivas fucsias con brillantitos, comprados en “El Piojito”. Arregladas pero callejeras para el carnaval informal. Y unos garbanzos que valen un Imperio.

Carnaval con gastronomía y micro espectáculo: escenarios cargados de imaginación, impostura y diversión. Gracias a los que lo hacen posible, trabajando bien en la cocina o escribiendo y cantando mejor sus rimas picantes.