Lo primero que quería decir es que soy consumidora –discreta consumidora- de miel desde hace muchos años, pues la utilizo como sustituto del azúcar y solo por la mañana en una mínima cantidad, para endulzar mi café con leche. Actualmente estoy utilizando la excelente miel de Grazalema (sierra de Cádiz), que tiene distintos sabores y que me va muy bien. Por supuesto, nunca compro miel en los supermercados y ahora, con la que está cayendo, mucho menos.

Hace unos meses tuve ocasión de visionar un documental en Netflix sobre la miel, dentro de la serie Podredumbre, que “ahonda en la cadena de suministro de alimentos para revelar verdades poco apetecibles y las fuerzas ocultas que determinan lo que comemos”. Recomiendo verlo.

Por otro lado, en diciembre pasado tuvo lugar una manifestación de apicultores españoles (más de 70 asociaciones) apoyados por la COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos), ya que en la actualidad no pueden competir en precios con la miel barata procedente de terceros países, siendo España el primer productor en la UE. Por ello, cada vez importamos más miel, aunque al parecer la demanda no ha aumentado.

Resulta que mucha de la miel que venden los supermercados viene de China, país causante de que este producto se sustituya por otro de peor calidad. El caso es que los precios se han desplomado dentro de Europa. Declaran los apicultores que España produce una de las mejores mieles del mundo, pero las envasadoras la están comprando en terceros países, con una baja calidad.

Según indica COAG, producir 1 kg de miel cuesta alrededor de 2,65 euros, frente a los 1,30 euros/kg de la fabricada en China. Por ello, el precio de la miel en origen ha caído un 40%, tumbando también salarios y puestos de trabajo en el sector. Como no se está apostando por la miel producida en España, los apicultores quieren que los consumidores se mentalicen de la situación, y que la industria envasadora y distribuidora se posicione.

La reivindicación de los productores españoles es exigir un etiquetado que indique claramente el país de origen de la miel y el porcentaje de mezcla, bajo el lema “Etiquetado Claro Ya”.

También la plataforma change.org está recogiendo firmas para este cambio de normativa legal, ya que el consumidor no es capaz de distinguir la composición de la miel que adquiere. El caso es que gran parte de la miel producida en origen no se vende.

Y no olvidemos que la apicultura es un sector fundamental para la economía rural, el trabajo agrícola y la biodiversidad, por la función polinizadora de las abejas.

Con todo ello, la miel –producto natural- se está convirtiendo en uno de los alimentos más adulterados del mundo, siendo mezclada frecuentemente con siropes. 

Es buen momento para consumir la miel de nuestras sierras, que aunque más cara, es pura y cumple su función, administrando nuestra cantidad de consumo.

(Change.org, etiquetado claro).