Leyendo este artículo de Directo al Paladar, he decidido publicarlo adaptándolo a mis hábitos en la cocina, pues cada una es un mundo. La famosa web de cocina se ha referido a tiempos, volúmenes y temperaturas, todo lo que son elementos cuantitativos en nuestro cocinar diario, magnitudes que son guías para que la comida esté buena y se aprovechen los ingredientes. Y para ello, es necesario tener algunas herramientas imprescindibles.

Para sólidos a granel: estos alimentos además necesitan cierta exactitud en las cantidades al ser pocos en casa. Legumbres, verduras para cremas, tomates por unidades, por ejemplo, deben pasar por el platillo de mi flamante báscula manual (las digitales me dieron muchos problemas), cuyo peso máximo es de 3 kg. Me costó muy barata y no puedo estar sin ella en la cocina.

Por cierto, también tengo una especie de paleta con agujeros que miden las raciones de los espaguettis. El chisme es de lo más útil.

Para líquidos: hay una o dos jarras de plástico medidoras en mi cocina que me sirven para calcular los caldos caseros, el agua, la leche o incluso el tomate frito que hago. Además, el vaso de la batidora de mano también trae ya sus medidas marcadas.

Para la temperatura: aquí he fallado estrepitosamente pues se me estropeó un excelente termómetro de cocina que solía emplear para preparar el bacalao, y no he vuelto a conseguir otro. Tarea pendiente. Por otro lado, la Thermomix indica rigurosamente la temperatura de cocción de los alimentos, que no es poco.

Para los tiempos: este capítulo es para mí casi el más importante. Suelo respetar los tiempos de mis comidas tanto en el fogón como en el horno. La propia cocina tiene sus alarmas avisadoras, aunque a veces no las oigo al alejarme de allí, por lo que cuento además con dos o tres pequeños relojes medidores de cocina, que por su tamaño pueden ir en nuestros bolsillos si nos movemos por la casa.

También hay que decir que las distintas unidades de la batería de cocina cumplen un fin de medida. De momento, las lentejas para dos tienen su pequeño cazo, y de ese modo me salen en su justa cantidad.

Las cacerolas, ollas y cazos y los cacharros en general, deben adaptar su dimensión a las necesidades de un hogar, al igual que las fiambreras, ya sea para conservar, transportar o congelar. Eso sí, las cocinas domésticas cada día tienen recipientes más pequeños. Nada que ver con aquellas ollas enormes para el puchero de otros tiempos. 

En resumen: no soy de cocinar “a ojo”, sino que respeto y cumplo tiempos, pesos y temperaturas (éstas últimas a través de la potencia de la cocina).