Dice el Diario que éramos un millar de personas los que en el muelle despedíamos al buque escuela de la Armada española. A mí me parecieron más. Llevamos unos 20 años –con algunas pocas ausencias- asistiendo a la salida (y a veces a la llegada) del Juan Sebastián de Elcano en Cádiz.  Hoy domingo asistimos a la despedida de su 91º crucero de instrucción. Dentro de seis meses escasos, deberá estar de nuevo en su atraque gaditano.  En él van junto a la tripulación, 70 guardiamarinas de los que 8 son mujeres. 

La temprana misa en Santo Domingo es ya un clásico de la jornada, abarrotando los bancos y los rincones los militares, sus familias y los románticos como nosotros. Una pequeña banda de música de la Marina acompasó a la tradicional Salve Marinera con voces predominantes masculinas al finalizar la ceremonia, que siempre te hace cerrar los ojos mientras la escuchas. Móviles grabando el momento.

Todos ya en la calle, comenzó el desfile de uniformes azules con botones dorados y guantes blancos, desde Plocia hasta San Juan de Dios portando la pequeña Virgen Galeona. Llegada del cortejo al muelle cruzando Canalejas (con corte de tráfico), abriendo lo que fue “Puerta Real”. Ahora hay una eficaz valla de seguridad, para un primer filtro de familiares y de público en general como nosotros mismos.

Desfile de familias, abrigos y sombreros con glamour, público de todas las edades, chaquetones de todos los precios, comienzo de todas las maniobras de la marinería para preparar velas y cabos. Día luminoso y con suaves brisas. Mucho sol y bajas temperaturas. La Galeona también asiste al acto desde su paso cupulado.

Entradas de autoridades en el barco precedidas por el silbato personalizado que las anuncia. Salvas de honor, vivas a España (cuatro veces, cuatro gritos que no me importan expresar una vez al año), marchas militares de las bandas, algún pasodoble clásico. Todos mirando al barco y sus habitantes. Blanco del buque y azul marino de los guardiamarinas.

Una hora de espera siempre nos da para entablar conversación con desconocidos y para saludar a los conocidos. Algún amigo que marchó fuera por trabajo, alguna familia que llegó de lejos por estar hoy aquí, algún consuelo que tuve que ofrecer a la que lloró con la Salve cantada por el Coro de la Universidad, porque ya vivió muchos cruceros del marido en Elcano. 

Como los habituales del fútbol en los estadios, los habituales en la salida de nuestro Buque compartimos las mismas emociones, con una puesta en escena perfecta en protocolo y formato. Y Cádiz luce todavía más.

Niños que piden auparse a sus padres, abrazos y besos de última hora de uniformados y público, fuertes medidas en el recinto con hombres de caras serias.

Esperando con formalidad en la bocana, barquitos veleros venidos de Sevilla, Punta Umbría, Sotogrande y Málaga. Y los voluntarios doceañistas de Puntales se sincronizan para disparar sus salvas. Gracias a la Asociación Cádiz Capitana del Mar que trabaja dentro del Colectivo Cádiz con Elcano, por su contribución a enriquecer el evento de hoy: Cádiz con Elcano es un buen lema. Honor al Elcano, embajador de España. El Buque solo lleva buenos mensajes y hoy Cádiz le ha vuelto a ofrecer su mejor escenario.