Corría el año 1978 cuando se editó en Barcelona este librito (de tamaño bolsillo) que acabo de comprar por 0,50 euros en una librería de viejo (su precio original fue 150 pesetas); escrito por Stella Marís Hervás y con el asesoramiento de Anna María Pérez, viene de la editorial Mucho Gusto. El título es un consejo de la época, por adoptar buenas prácticas organizativas en la cocina doméstica. Cuarenta años después, esto ya no es lo que era. Y lo cierto es que nadie habla de cuando, deberíamos cocinar en casa.

En la contraportada dice:

“ADVERTENCIA IMPORTANTE: antes de comenzar a cocinar, disponga todos los ingredientes y utensilios sobre su mesa de trabajo. A medida que utilice cada cosa, retírela. Así trabajará más cómodamente, con la seguridad de no olvidar nada ni de utilizar dos veces el mismo ingrediente. Respete las cantidades y los tiempos dados: cada receta está avalada por nuestro equipo de expertos”.

Un buen consejo, creo yo. 

La intención del libro –claramente expuesta en su texto de presentación-, es promover la preparación de los menús con antelación en la misma jornada, varias horas antes del almuerzo y la cena, con la única indicación de calentar antes de servir (Así lo hacemos en casa).

Para empezar, el sistema expuesto en el libro comete el error –en mi opinión- de indicar dejar la comida preparada a temperatura ambiente hasta la hora de consumo, para calentarla en el momento. Y eso contradice las medidas de higiene en la cocina, facilitando la proliferación de bacterias y poniendo en peligro la salud de los comensales. Es cierto que la comida caliente no debe ir a la nevera, pero tampoco quedarse fuera una vez fría.

Estoy totalmente de acuerdo con cocinar por anticipado y siempre lo defiendo, es más, suelo cocinar un par de veces en semana en plan intensivo, para tener platos diferentes para todos los días, incluso algunos hechos y congelados. Está claro que en 1978 las cocineras o amas de casa de entonces (hombres pocos), estaban metidas permanentemente en la cocina.

Por lo demás, el libro incluye recetas muy interesantes y sencillas, que hoy podrían hacerse en casa perfectamente. Me llama la atención entre los nombres de los ingredientes, cuando citan el jamón “del país”. Hoy el jamón está clasificado y catalogado perfectamente en función de su calidad y curación; algo hemos avanzado en este país.

Cada receta indica previamente los cacharros necesarios para hacerla. Lo veo muy útil.

En lugar de Cocine una vez por día, yo pondría “cocine una vez a la semana” para comer todos los días (almuerzos y cenas). Hace cuarenta años no existían  tantos robots de cocina, los frigoríficos no tenían cuatro estrellas para la congelación y no se conocían las máquinas de vacío. Pero también es verdad que no se vendían tantos platos preparados –y ultraprocesados, claro- y no pululaban tantos alimentos superfluos a nuestro alrededor. La publicidad alimentaria apenas existía. En fin, lo uno por lo otro.

Releyendo la lista de libros incluidos en la colección “Mucho Gusto” a la que pertenece este ejemplar, veo uno titulado “La Cocina de ‘Rodríguez’ “. ¡Qué cosas!.