El domingo pasado asistimos a una demostración de una vieja técnica de cocina, hoy actualizada: la olla ferroviaria. Un artilugio nacido en la Cordillera Cantábrica, en los Altos Hornos, aprovechando el carbón de las cuencas mineras, por dónde transcurría el ferrocarril desde León hasta Bilbao, en la segunda mitad del siglo XIX. Fue en el Bar La Casapuerta (Los Domingos en su punto) a cargo de los componentes del Blog Túbal, y con la colaboración de nuestro amigo pescadero Fernando Coucheiro. 

La olla ferroviaria se hizo imprescindible en la cocina al aire libre, por la dificultad de encontrar lugares dónde comer los trabajadores y pasajeros del tren. La olla, de hierro fundido, lleva un serpentín conectado y se caracteriza por la larga duración de su funcionamiento. Estaba indicada para guisos contundentes de carne o legumbres.

La olla es una buena solución para cocina de ocio y al aire libre, adaptándose a cualquier necesidad en raciones y técnicas. Funciona con carbón de encina, y sirve también para asar o ahumar. Existe algún modelo mixto que lleva carbón, gas o electricidad, en lo que es ya un modelo actualizado. La olla ferroviaria no produce humo una vez encendida. En youtube hay mucho material sobre funcionamiento y recetas.

En esta ocasión se emplearon dos tamaños de olla –para dos y para veinticinco raciones respectivamente-. En la primera se elaboraron unas palomitas de maíz y en la segunda y mayor, unas papas con chocos, que luego se dio a degustar por el público asistente, que llenaba La Casapuerta.

La olla ferroviaria se comercializa, con la opción de tunearse o personalizarse, por La Casa de la Putxera: www.asadorvictoria.com