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En 1977 yo trabajaba y estudiaba, pero no cocinaba ni tenía intención de aprender a cocinar, pues vivía con mis padres. En una librería de viejo sevillana he encontrado este libro editado en ese año ya inmerso en la Transición, con un título chirriante: “Cocina Rápida para la mujer que trabaja”, de Gloria Baliu de Kirchner, editado por el Círculo de Lectores.

Cuarenta y un años han pasado desde la edición de esta obra sobre cocina rápida, que curiosamente, en la introducción, habla de “personas que además de trabajar, ya sea fuera de casa o en el propio hogar, tienen que dedicarse a la cocina”,  suavizando la atribución machista de cocinar a la mujer, como única responsable. Menos mal, porque ya me estaba empezando a enfadar.

Aparte de mi comentario reivindicativo, he estado revisando las distintas secciones del libro, como consejos prácticos, despensa, útiles de cocina, preparación y cocción de los alimentos, junto a otras sobre ingredientes como hierbas aromáticas, especias exóticas, menús rápidos y platos combinados, patatas y verduras, arroz y pastas, ensaladas, sopas, huevos, carnes, aves y caza o pescados. Repasa también los bocadillos, canapés, salsas, postres , helados y bebidas. Desde la página 26 todos son recetas.

A la luz de los más de cuarenta años transcurridos en nuestra sociedad, en la alimentación, en la tecnología y, sobre todo, en el estilo de vida, el libro ya no nos representa.  Y es que en 1977 aparece el fenómeno de la mujer trabajadora fuera de casa. ¿Quién preparará ahora la comida para la familia?.  Supongo que a partir de entonces se empieza a comer peor, porque nadie ocupa su lugar y asume este compromiso imprescindible de alimentar, con muy poca información sobre lo bueno y lo malo, mientras la industria comienza con sus caldos concentrados, sus masas precocinadas, su aceite de girasol y sus purés de patatas en copos. 

El libro no aconseja planificar menús por días de la semana, porque dice que es aburrido.  No estoy de acuerdo: Lunes lentejas; Martes pescado; Miércoles legumbres; jueves, etc.,  Creo que estos platos nunca tienen por qué ser iguales. Nosotros incluso en las lentejas variamos (pardinas, castellanas, rojas o en ensalada…).  Y puedo asegurar que en mi casa se come variado., siguiendo un orden preestablecido que me ayuda a organizarme.

En cuanto a los trucos y consejos, la mayoría están superados, por mal explicados. Y en lo relativo a la sección Despensa, lo que hoy llamamos “Fondo de despensa”, indica como alimentos indispensables algunos mal vistos para una buena cocina casera (bebidas espirituosas, leche condensada, chocolate en tableta, mermeladas surtidas, demasiadas conservas vegetales, sobres de sopas preparadas, salsas de tomate en lata, caldos concentrados, etc.).

Sí estoy conforme con los útiles de cocina indicados, 41 años después.  

Discrepo también de lo que indica sobre tiempo de preparación y cocción de los alimentos, al menos en algunos puntos. Atribuye 20 minutos de cocción al pisto. Debo ser muy torpe porque yo tardo casi 1 hora a fuego lento. Nótese que en aquellos años las cocinas no disponían de microondas.

Veo que en esos años se abusa mucho de las patatas, de la mantequilla, y se emplean pocas verduras, ocasionalmente. El jamón se cita como “del país” o “serrano”.

En fin, no me gusta el método de este libro para preparar la comida en poco tiempo, al llegar del trabajo. Pienso que la comida tiene que estar hecha de antes y calentarla como podamos. Y lamento mucho que en ninguno de estos menús se haya incluido un solo potaje, con lo buenos que están al día siguiente.

En resumen: ya la cocina no es exclusiva para las mujeres en casa, una conquista al menos teórica, ¡estaría bueno!. Y hemos evolucionado mucho en el modo de cocinar –casero- en nuestros hogares. Otra cosa es la propia evolución de la industria alimentaria, a la que hay que mirar con lupa. 

De todos modos, haré alguna recetilla del libro, las de sopas no están mal, con algunos cambios, claro.