Toda ciudad que se precie debe contar con una pastelería con calidad y personalidad, de propia elaboración y con toques de innovación, porque debe aportar ideas en su oferta. Aquí les presento a La Trufa, un símbolo dulce de Puerto Real que empezó a nacer hace siete años y ha ido creciendo y diversificándose de un modo trepidante. Nos lo contó Francis Mel, su propietario junto con su hermano José Luis.

A mitad de la peatonal calle Sagasta, una pequeña cafetería-pastelería está a rebosar, llena de familias reunidas a media tarde, dentro y fuera del local, en la terraza. Pero es menester conocer la trastienda de este proyecto hostelero de desayunos y meriendas. La Trufa es un obrador de Puerto Real, con 38 trabajadores y una filosofía de constante innovación, como lo demuestra su ritmo y actividad en el servicio, que le permite actuar a corto plazo sobre su producción, para adaptarse a gustos y estaciones. 

Francis Mel, su creador y copropietario, fue cocinero del grupo Jale, en dónde se especializó en repostería y en logística de catering durante muchos años. La caída del emporio empresarial le llevó a emprender en solitario en un trozo del local actual de la calle Sagasta. Tres años después, aquello ya se amplió y era cafetería, sirviendo desayunos, dulces, café, copas y helados, pues esta última línea la creó en 2015, junto al nuevo local de helados en el Paseo Marítimo de Puerto Real.

En 2017 el obrador se les queda pequeño y lo trasladan a la calle José Saramago de Puerto Real. Pero también abren local en la capital gaditana, en el barrio de La Laguna. Y para rematar, hace cinco meses que funcionan en El Puerto de Santa María, en la Glorieta de los Descubrimientos. La Trufa convence y no para.

Una merienda en La Trufa supone algo más que comer cualquier dulce: buen servicio de cafés, tés y chocolates, que no son de sobres preparados ni de cacao soluble, porque son hechos con la verdadera materia prima.  Pero luego están los pastelitos de elaboración propia como la Piñonera de Puerto Real (bizcocho de almendra con piñones), símbolo dulce de la villa, o la tarta Mari Paz, o el boniato asado con yema tostada.  En La Trufa todos los dulces son artesanos y sin grasas hidrogenadas, es decir, que el cuerpo los asimila y respeta. Hacen todo tipo de tartas.

Pero la palmera es su producto más representativo; de tamaño extra y con diversos sabores, se monta sobre el mejor hojaldre (también propio) y el mejor chocolate, convirtiéndose en una pequeña joya y alejándose de las que se exhiben en tantos escaparates, de origen industrial y poco saludables. Unas 10.000 palmeras mensuales se elaboran en La Trufa.

Los churros son otra de las especialidades incorporadas recientemente a los desayunos y meriendas de La Trufa. Suponen una opción ligera, suave y digestiva, cosa muy de agradecer. Bastantes malos ratos nos han dado algunos calentitos. Y siguen causando sensación sus famosas bombas de crema.

El obrador de La Trufa da para mucho, y para estas próximas fiestas, seguirá ofreciendo canapés fríos para llevar a casa. Una oportuna idea, con productos de la mayor calidad.

Y no quiero olvidarme de contar que, tal como viene siendo habitual los días 5 de enero, en La Trufa se elaborarán solamente roscos de Reyes, en exclusiva, con la friolera de 22 sabores distintos; y además, también en formato individual, para favorecer la armonía de preferencias familiares. La Trufa ya es una marca orgullo de Puerto Real. 

Como es lógico,  este establecimiento aparece en la guía gastronómica de Puerto Real, de la página Cosas de Comé.