El 1 de noviembre de 1988 apareció, ante la sorpresa de todos, el cadáver de un subsahariano en una playa de Tarifa: un joven sin nombre y sin rostro, en parte devorado por los peces. Aquel hombre, que quiso llegar desde África a Europa, buscaba futuro y encontró pasado. Lo explica el escritor Juan José Téllez en su libro “Moros en la Costa”, publicado en noviembre de 2001. Acabo de leerlo con avidez diecisiete años después, como auténtico informe estructurado y cronológico del fenómeno de la inmigración antigua y reciente en España y en el mundo.

Moros en la Costa repasa en diez secciones y en clave periodística la evolución de los movimientos migratorios en el mundo, en nuestra historia como país tras la Reconquista,  a lo largo del siglo XX y comienzos del XXI, así como las diferentes políticas y legislaciones restrictivas para regular y obstaculizar la inmigración ilegal, en un intento de poner trabas y fronteras a la huida de la pobreza.

Mientras tanto, persecuciones, expulsiones, discriminaciones, explosiones de violencia, junto al desprecio al débil, que siempre es pobre, y que es visto como una amenaza.

El libro cuenta a modo de informe la sucesión de noticias relacionadas con la inmigración ilegal, aparecidas entre 1988-2001 en España. Inmensa fuente de datos en titulares, cifras, atestados policiales, estallidos de violencia colectiva y evolución legislativa contra la inmigración ilegal; un problema difícil de resolver, porque siempre ha existido y existirá mientras haya desigualdades.

Y en toda esta historia, explotadores (mafias, oscuros intereses gubernamentales…) y explotados (jóvenes y mucho peor si son mujeres). Riesgos para dejar atrás gobiernos de asco, olvidar corrupción como costumbre, violencia como normalidad. Son las travesías de vergüenza. Jugar con la muerte para que todo siga igual.

Me quedé en 2001, fecha de publicación del libro. Desde entonces empezaron más guerras, se gastó más armamento (no fuera a ser que caducara), se destruyeron más casas, se siguió pisoteando la dignidad humana y más gente tuvo que salir corriendo. Había que comenzar de nuevo. Urge escribir lo acontecido desde 2001.

 “Aquel que antes fue explotado y perdió la memoria de haberlo sido, acabará explotando a otro. Aquel que antes fue despreciado y finge haberlo olvidado, refinará su propia capacidad de despreciar. Aquel a quien humillaron, humillará con más rencor”. Del prólogo de José Saramago.