Cuenta la página Eroski Consumer  que el cultivo de la patata empezó hace casi 10.000 años en los actuales países de Perú y Bolivia. Ya sabemos que llegó a Europa en el siglo XVI y que al principio se le hacía poco caso (dicen que su planta se utilizaba para decorar), hasta que se convirtió en uno de los alimentos básicos del hombre. Hoy es de los productos más populares en todo el mundo, con miles de elaboraciones en la cocina y más de 1.500 variedades. Solo en España se calcula que hay unas 150.

Para empezar, se clasifican –según su punto de maduración- en viejas, semitardías y tempranas. En la Cooperativa Virgen del Rocío de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), en dónde saben mucho de patatas, las clasifican en “Patatas de temporada y de fuera de temporada”. Las primeras se siembran entre diciembre y enero y se recogen desde mayo; las otras se siembran entre julio y agosto y se recolectan en octubre.

En nuestra comunidad sobresalen las patatas de Sevilla, Málaga y Cádiz (Chipiona y Sanlúcar sobre todo) como principales productores. Y sus variedades son la “Spunta” y la “Fábula”. La salinidad del suelo de estas zonas produce patatas con un proceso natural, son de buen calibre, sabrosas y no necesitan cámara, sino que salen directamente al mercado.

Al cultivo de la patata no le favorece el exceso de lluvias, por traer enfermedades en cultivos y charcos, causantes de que se pudran. 

Ya sabemos que las patatas tienen mil y una posibilidades en la cocina: fritas, cocidas, asadas, en puré, al horno, y acompañando a guisos o en tortilla. Son imprescindibles en la ensaladilla y aliñás son una joya, al igual que como guarnición.

La patata es el cuarto cultivo más grande del mundo. Es rica en vitaminas, almidón, hierro y fibra, además de tener un precio asequible.

Datos y curiosidades de interés:

-No todas las patatas son iguales. En España están presentes en las recetas más populares, y se calcula que comemos unos 30 ks. anuales de patatas (2,5 kg al mes/persona). En casa no cumplimos esta estadística, por cierto.

-Según estudios del Ministerio de Agricultura el 75% de las patatas que compramos son frescas.

-El momento de la recolección de las patatas influyen en sus características  nutricionales. Las nuevas tienen una piel más fina, son más tiernas y sabor más suave. Llevan menos almidón.  Las de estación (verano) están en su punto y duran más que las anteriores. Sirven para todas las recetas. Las viejas llevan más almidón (más hidratos de carbono complejos) y son más secas, de sabor más intenso y de piel más gruesa (para purés o guisos).

-Entre las variedades más habituales tenemos: Red Pontiac, Agria, Fénix, Monalisa y Kennebec.

-En cuanto a las calorías, influye el modo de cocinar. Las fritas tienen tres veces más calorías que las cocidas, y mucha más grasa (del aceite, mejor si es de calidad). Hay que escurrir tras freir, y no ser habituales en la dieta.

Cocidas, al microondas y al horno son las mejores opciones para evitar exceso de calorías. Y hay que cuidar los añadidos: mayonesa, kétchup o sal. Mejor un poco de aove y pimentón.

Las patatas llevan poco sodio y mucho potasio y conviene tomarlas cocidas y frías, porque según indican los expertos el almidón cambia y se resiste a la digestión, y lo eliminamos con facilidad.

En nuestros talleres de cocina, al hablar de las patatas, siempre subrayamos la necesidad de darles el protagonismo que se merecen (la entrevistamos aquí en 2009), sobre todo en el caso de su aliño, que es la elaboración clásica de Andalucía, con buena sal de salinas, cebolletas de sus huertos, el mejor a.o.v.e. y el vinagre de Jerez. Casi nada.