Hace tres años entrevistamos en este blog al yogur natural, (sin azúcar), el más serio, el más equilibrado en grasas, azúcares y proteínas. La revista de octubre de la OCU publica un reportaje sobre los yogures en general y sus propiedades, diferenciando los que hay en el mercado. Y además, la página Directo al Paladar informa de que tras los análisis correspondientes, los yogures con más azúcar son precisamente los infantiles. Haremos un pequeño resumen de estas informaciones. 

Para empezar, los consumidores se hacen un lío viendo en los supermercados la variedad de productos parecidos al yogur pero con nombres diferentes. Todos ellos llevan mensajes de salud y supuestas propiedades beneficiosas. Que si las defensas, el colesterol, regularidad, flora intestinal, bajo en grasas o alto en proteínas, etc.

La revista OCU en su informe declara que los yogures se elaboran a partir de leche a la que se le añaden microorganismos para que fermenten. Y según el tipo de fermentos y del proceso empleado, serán yogur, kéfir, natillas o flan, etc. Acompañamos una imagen escaneada de la publicación, que refleja el proceso de producción del yogur, la leche fermentada, el kéfir y el queso fresco.

De este modo, se establecen las siguientes clasificaciones:

Yogur natural: con leche entera o desnatada pasteurizada más fermentos lácticos. Tiene más proteínas que la leche, lleva lactosa, con 45-65 kilocalorías por cada 100 g. (Si son azucarados, se duplican).

Yogur griego: a partir de leche de cabra u oveja, ahora casi siempre con yogur de leche de vaca. Lleva calcio y proteínas, pero con gran contenido graso. Con 100 kilocalorías por 100 g si no es azucarado, el doble si lo es. 

Leches fermentadas con probióticos: elaboración similar al yogur, pero legalmente no pueden llamarse así, por llevar otras bacterias. Se parecen al yogur pero sus beneficios no han sido certificados por la autoridad alimentaria.

Leches fermentadas con fitoesteroles: llevan fitoesteroles, de células vegetales para el intestino. La EFSA no ha aprobado aún su afirmación de redfcir el colesterol, y aconsejan no tomar más de uno al día.

Kéfir: o yogur búlgaro. Es leche fermentada por levaduras y bacterias. Textura más líquida y lleva una cantidad mínima de alcohol. No está comprobado por la autoridad sus beneficios sobre la digestión y la flora intestinal.

Alto en proteínas: son productos como el queso fresco y la leche fermentada con proteínas. Indicados para deportistas y los que quieren adelgazar. Pero con perfil nutricional parecido al yogur convencional.

No obstante, la EFSA ha aprobado que puedan indicar “que ayudan a digerir la lactosa”. Pero el etiquetado no puede presumir de ayudar al tránsito, a mejorar la flora intestinal o a reforzar el sistema inmunitario.

Los lácteos que contienen esteroles vegetales para reducir la absorción de colesterol sí pueden poner en sus etiquetas el mensaje de que ayudan a reducir el colesterol (Danacol, Benecol, etc.).

Los yogures –continúa la noticia de la OCU-, aportan vitaminas liposolubles, fósforo, calcio y proteínas, grasas e hidratos de carbono, en distintas proporciones. El yogur griego es el que más grasas y calorías aporta, y el alto en proteínas lleva más nutrientes. Los demás, son prácticamente iguales desde el punto de vista nutricional. El producto debe ser natural, sin azúcar ni frutas.

Por otro lado, tal como indica Directo al Paladar, la mayoría de los yogures contiene demasiado azúcar, sobre todo los infantiles y ecológicos. Preocupante para esta población. Además, tomamos más azúcar de lo permitido (riesgo de sobrepeso, obesidad, caries, etc.). Por supuesto, solo los yogures naturales sin azúcares cumplen la recomendación legal del máximo de azúcar recomendado.

El yogur no necesita mejorarse, ni completarse con otros productos, pues es saludable en sí mismo.

 

FUENTE: revista OCU Compra Maestra y página Directo al Paladar.