O sea, que el tiempo vuela. Curioso nombre para un nuevo bar restaurante en Cádiz, capitaneado por un joven, experimentado, inquieto y formado cocinero, Jesús Palma, que negocia cuerpo a cuerpo con sus fogones tras un cristal, a la vista de todos, para ofrecer una cocina con efectiva imaginación.

Ya conocimos el lugar al probar sus platos presentados en la Ruta del Tapeo de Cádiz, que finalizó a mediados del pasado agosto, y ya comprobamos que apuntaba maneras. En esta ocasión, fuimos a almorzar con amigos blogueros de gastronomía, haciendo la visita más intensa si cabe, con platos al centro.

El local está situado en la calle Fernández Ballesteros esquina a Almirante Vierna, y es de medianas dimensiones, pero se ve ampliado con una terraza exterior que fue la que nos albergó, aprovechando un mediodía de temperatura soportable con viento de poniente.

La cocina de Jesús Palma es creativa en composición y en presentación, con unos platos más que sorprendentes.

Aquí va el desfile por orden de aparición:

Un sorbete de amontillado de Bodegas Sánchez Romate muy interesante. Siguieron las papas aliñás de autor, con tomate encurtido y tosta de sardina marinada. Llegó un plato autodenominado “El aperitivo que se convirtió en plato, boquerones kimchi”, un auténtico logro. Los huevos rotos medio fritos (con patata chafada) continuaron la originalidad.

 

Para la siguiente imagen, unos chipirones con pesto rojo de almendras, jugosísimos, excelentes; en sexto lugar una lasaña con bechamel de cardamomo y parmesano (otra pasada). Y terminó con la carrillada de vaca a baja temperatura, terminada a la plancha en su propio jugo con espuma de patata, portobello, especiada con aceite de trufa. El postre, fue una magnífica torrija caramelizada con helado de vainilla, pan de miel y nueces.

Por cierto, el magnífico pan que acompaña los platos es Horno Santa María, de El puerto de Santa Maria, un obrador con bastante tradición familiar en el que José está renovando los panes tras 20 años de experiencia, y también podrá adquirirse en Tempus Fugit.

Cocina imaginativa con fusiones bien resueltas, buenos postres y sabores sorprendentes conforman este nuevo proyecto gastronómico instalado desde hace apenas tres meses, y que viene a reforzar la oferta hostelera decente de Puerta Tierra, en una zona acogedora del turismo en verano y del tráfico laboral y de hospitalario el resto del año. Un lugar para recomendar, dentro de una nueva generación de cocineros.