Ya publiqué en su día la “previa”, como dicen los periodistas profesionales, aunque luego se redacte la crónica o el reportaje a posteriori.  Es que ayer martes retrasamos una hora y media nuestro horario habitual de cena (algo atípico) por disfrutar de un martes cultural de los que vienen celebrándose en el Espacio Quiñones. Cantaba la genial Inma Márquez con el pianista Chano Robles, más una serie de invitados.

Una estancia rehabilitada del antiguo Baluarte de El Orejón, junto a la entrada de la Playa de La Caleta o del castillo de San Sebastián, según se mire. Una sala multiusos recuperada en el Año Quiñones, y puesta a disposición de la Asociación de Amigos del escritor, como Espacio Literario Quiñones, para los martes de julio y agosto.

Al final del espacio, desde foto convertida en mural y escenario, nos mira fijamente un Quiñones setentero sentado con mesa y sombrilla sobre la arena caletera, en ajustado bañador Meyba, con caña de cerveza apurada, servilletero marca Skol (nuestra fábrica desaparecida) y huesos de corvina al cuello. Era la imagen veraniega de Quiñones, que encierra toda su personalidad en blanco y negro.

Sillas ocupadas, WC super compartido, ventanucos abiertos al patio del antiguo baluarte, en dónde de momento el sol intentaba ponerse, sabiéndose contemplado por todos. Gente que no paraba de entrar, y al otro lado, ya fuera, gente que no paraba de salir de la playa a eso de las ocho de la noche, con bártulos y salitre. Una simple puerta separaba arena y mar de música y palabras. Y mientras, las mujeres de la Junta Directiva de la Asociación controlaban el ambiente y la disposición del público. Nosotros esperando ansiosos.

Presenta el acto la presi Blanca Flores, le sigue el escritor Juan José Téllez recordando otros tiempos de precoces Sabina o Javier Krahe en Cádiz. Pues mira, algo nos queda. La música y las palabras las puso Inma Márquez y un interesante pianista –Chano Robles- , a los que se sumaron Natalia Robles (su hermana) y los dos hijos y el ahijado de Inma Márquez. Nada como quienes están dispuestos a dar gratis música y palabras. Y entre el público, Antonio Hernández, premio nacional de poesía. Creo que le dicen al acto EnClave Quiñones. Sí, me lo creo. Pocas contraseñas podrían facilitar tanto el ambiente. 

Nombres que dan nombre al acto: Carlos Cano (bautizado en La Caleta por Fernando Quiñones y Felipe Campuzano –qué pianista-), Antonio Martín (poeta brujo del carnaval)… todo ello para que entremos en calor interior.

Entra más gente y ya llenan el patio. Núcleo de brillo musical y de comunicación eficaz, al que Cádiz está muy acostumbrado. Aquí esto es fácil, solo hace falta gente que lo impulse (Blanca, Desi, Charo, Lucía, Paqui, Belén…..).

Vámonos que nos vamos!. El piano empieza, el micro de Inma preparado. Su vestido, su imagen, perfectos, como siempre. Baladas y carnaval, pasodobles de Paco Alba, de Enrique Villegas, de los ’70, del Coro de la Viña,  de los 80, de los 20… carnaval que en su voz suena más elegante, más fino todavía, como diría mi madre. Las letras salen de ella para todos. Y la música lo confirma. Tangos eternos, bellas letras, viejos recuerdos, nuevas emociones. Y Natalia Robles saca su máxima voz y lo confirma.

Coplas de Cano que solo son suyas –María La Portuguesa, Las Habaneras, alguna balada de amor-, al fin y al cabo Qiñones le regaló ese barrio. 

Inma Márquez canta y además está feliz, tanto como nosotros. Una joya para la Asociación, no todo el mundo puede tener esa suerte.  Sale alguno del público, se une al coro; los hijos de Inma cantan coplas de carnaval de hace mucho (aquel Charlot, ya ni me acordaba). Lo viejo y lo nuevo se condensan entre las paredes blancas del salón, y el sol se toma más tiempo para esconderse, curioso que es. Y curiosos en bañador mojado que quieren acceder a la sala.

Habaneras de Cádiz, el vaporcito de El Puerto, Inma reina del ambiente, y Belén habla, baila por tanguillos y disfruta. Una hora y media de retraso de nuestra cena. Nos espera la Ruta del Tapeo muy cerca, en el barrio de La Viña. 

Emoción, casi escalofríos, poniente en el cuerpo, impresión en mi estómago vacío. Me regalan Cádiz, el mejor Cádiz. Necesito una cerveza fría ya. 

Aplausos al público del patio tras los ventanucos, besos de despedida, gracias muchas, y recordar el próximo martes, a la misma hora y en el mismo sitio, con otro programa: un bautizo caletero/quiñonero. 

¡Gracias!