A estas alturas todo el mundo debe saber qué es y cómo se calcula el Índice de Masa Corporal (IMC): dividiendo nuestro peso en kilos entre el cuadrado de nuestra estatura. Un resultado entre 18,50 y 24,90 es signo de peso normal. Lo que pase de ahí se considera sobrepeso u obesidad.

El pasado 14 de julio, la doctora María José Santi (profesora titular de Nutrición y Dietética de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Cádiz), intervino en los cursos de verano de la UCA sobre Alimentación Saludable, con una ponencia titulada “Cómo ganar salud y perder peso. Riesgos de las dietas milagro”. Fue un repaso a todos aquellos regímenes de moda para adelgazar con rapidez, a la luz de la ciencia, advirtiendo de sus riesgos y efectos secundarios y de su nula eficacia futura.

No puede obviarse la importancia de la llamada obesidad central, es decir, una cintura con más de 88 cm. en mujeres y de 102 cm. en hombres, por ser un factor de riesgo cardiovascular; aquí la grasa está oprimiendo órganos fundamentales, independientemente de la complexión y altura del individuo.

La doctora Santi señaló no obstante que España no tiene los peores registros de obesidad en Europa. Y recordó los factores que interactúan para desarrollar obesidad, por lo que se dan pautas de ejercicio físico y cambios en estilo de vida, todo ello mantenido en el tiempo.

La dieta para combatir la obesidad debe ser hipocalórica, equilibrada y personalizada. Y esto no siempre se cumple en las llamadas dietas milagro, un auténtico peligro para la salud, además de no conseguir su objetivo más allá del corto plazo. El tratamiento de la obesidad se basa en actuar sobre un balance energético entre la ingesta y el gasto de calorías, ingiriendo de 500 a 1000 calorías menos del consumo habitual. No hay más.

La obesidad se trata con una dieta que contenga en su distribución de nutrientes, 15-25% de proteínas, 25-35% de grasas y 45-55% de hidratos de carbono.

SOBRE LAS DIETAS MILAGRO: AECOSAN (Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición, Ministerio de Sanidad), define las dietas milagro las que siguen estos criterios:

Prometen perder peso rápidamente.

-Sin esfuerzo

-Anuncian que son seguras

-Son muy restrictivas

-Muy bajas en calorías

-Y constituyen un riesgo para la salud

 

Pero lo cierto es que

-Provocan deficiencias de proteínas

-Producen efectos sicológicos negativos

-Desarrollan trastornos del comportamiento alimentario y

-Favorecen el efecto rebote.

Puesto que las personas que las ponen en práctica vuelven a los hábitos que les hicieron engordar.

 

Dietas inservibles

Las dietas milagro están de moda debido a las altas tasas de obesidad y su dificultad para tratarla. Además, su publicidad se refuerza con algunos centros médicos y sobre todo con los testimonios de personajes famosos que dicen seguir esa dieta. De ese modo se motiva la gente para seguir esas dietas, que responden a intereses comerciales y que son apoyadas por diversos medios de comunicación. La realidad es que hay pocos tratamientos para la obesidad, y la mayoría tiene efectos secundarios.

La doctora Santi clasifica las dietas milagros en a) Pintorescas (no siguen ninguna teoría científica e intentan demostrar su facilidad), b) Heterodoxas (se apartan de las recomendaciones pero están bajo control médico, por lo que son factibles, como las dietas hipocalóricas) y 3) Seudocientíficas (pretenden basarse en criterios científicos pero no los tienen, como la Dukan o la disociada).

En la mayoría de los casos, cuando se siguen algunas de estas dietas milagro, el paciente vuelve a recuperar el peso. Además, son monótonas y deficitarias en nutrientes; y tienen riesgos como deshidratación, estreñimiento, etc.

DIETAS DE BAJO CONTENIDO CALÓRICO (entre 450 y 800 kcalorías diarias), es decir, proporcionan el 50% del gasto calórico del paciente, por lo que se suplementan con preparados nutricionales a base de vitaminas, minerales y oligoelementos. Llevan pocos carbohidratos, y están indicadas para una inminente cirugía bariátrica, controladas siempre por un médico. Pero la mayor parte de los pacientes no pueden mantener esta dieta a largo plazo, recuperando parte de lo perdido en 1-2 años. Tiene efectos adversos como debilidad, mareos, astenia, estreñimiento, náuseas, sequedad en la piel, caída del cabello, irregularidades menstruales, gota, etc.

DIETA ATKINS (baja en carbohidratos). Se permite todo tipo de grasas y proteínas, limitando cereales y legumbres. Es la dieta antimediterránea. Durante los primeros seis meses se pierde mucho peso pero a partir de ahí disminuye sus efectos. Con consecuencias como cetosis, hidratación, calambres, estreñimiento, riesgos vasculares, incluso tumores, etc. Son deficitarias en vitaminas.

DIETA DUKAN: baja en grasas y rica en proteínas. Tras una primera fase de ataque con proteínas, hay una segunda en la que se permiten verduras con pocos hidratos de carbono, de absorción lenta, que se incorporan poco a poco. Acaba fijando un día entero a base de proteínas. Pero esta dieta no tiene ningún fundamento científico, además de muchas complicaciones.

DIETA DISOCIADA: afirma que no pueden unirse una serie de alimentos en una comida, por ser incompatibles. Clasifica los alimentos en glúcidos, proteicos y neutros, como si el aparato digestivo no fuera capaz de metabolizarlos a la vez, causante de engordar. Con esta dieta se ingieren menos calorías. Pero no se demuestra su eficacia para luchar contra la obesidad.

DIETAS RELACIONADAS CON LA SENSIBILIZACIÓN A LOS ALIMENTOS: por ejemplo Alca Test. Evalúan los efectos cuando las células se exponen a determinadas sustancias, que se liberan como nocivas o tóxicas para nuestro organismo. No tienen soporte científico. Eliminan alimentos por supuestas intolerancias. Se pierde peso pero hay un efecto rebote.

DIETAS BASADAS EN EL GRUPO SANGUÍNEO: fijadas según el grupo sanguíneo del paciente. Se determinan qué alimentos engordan. Sin fundamento científico.

DIETAS BASADAS EN UN SOLO ALIMENTO: como dieta de la alcachofa, del limón. Se sugieren menús con muchos vegetales, pocas grasas y menos hidratos de carbono. Son muy deficitarias.

DIETAS DETOX: incluyen vegetales y prohíben las carnes procesadas, pero basado sobre todo en frutas y verduras, atribuyendo al hígado la función de depurar el organismo. Pero su efecto beneficioso no se ha comprobado, y además tienen efectos secundarios.

NUTRICIÓN ENTERAL DOMICILIARIA: con dietas hiperproteicas e hipocalóricas. Alimentación mediante sonda nasogástrica, con pocos hidratos de carbono. Lleva complicaciones (vómitos, diarreas, etc.).

Visto lo anterior, puede resumirse que las dietas llamadas “milagro” no están exentas de riesgos, provocan efecto rebote en kilos y además no han demostrado su eficacia. Se siguen utilizando pero son un problema para la salud pública. Lo deseable es practicar hábitos saludables de alimentación de modo permanente, evitando estas dietas de moda.