“La pobreza impide comer sano a 700.000 hogares españoles”. Es el titular del Diario Publico de hace unos días, que nos ha puesto los pelos de punta: más de un cuarto de millón de jóvenes en España no pueden comer tres veces a la semana alimentos (básicos) derivados de proteína animal. Y al colectivo de jubilados le está pasando lo mismo, según los últimos estudios. España es, dentro de la UE, el pais de mayor nivel de pobreza, con 1 de cada 5 personas en riesgo, lo normal con una renta anual de 8.500 euros.

Ya antes de la crisis se hablaba de la precariedad de muchos mayores que vivían solos (sobre todo viudas), con pensiones ridículas, que debían hacer frente a alquileres y a los gastos corrientes de un hogar; y que por tanto, podían dedicar poco presupuesto a una alimentación digamos digna y nutritiva. Más de un reportaje lo señalaba, era la pobreza del mayor, que nos ponía la cara colorada.

Pero ahora, los estudios alertan de la imposibilidad o dificultad de comer alimentos con proteínas de alto valor biológico (necesarios para el crecimiento) por muchos hogares españoles (carne o pescado) con niños y adolescentes, al menos cada dos días, debido a los precios que alcanzan estos alimentos.

Todo ello revela la existencia de una carencia nutritiva, que se manifiesta más gravemente en los hogares monoparentales, es decir, dónde un adulto cría uno o más niños. Si además en el hogar conviven jubilados con niños y jóvenes, los datos son mucho peores. El mercado laboral no favorece sino que perjudica gravemente esta situación.

La proteína es necesaria y su déficit afecta al desarrollo. Pero también es verdad que puede obtenerse de alimentos distintos a la carne y al pescado. Los huevos también son una fuente importante de proteína y su precio es bastante asequible.

Recuerdo en otras épocas que la carne y el pescado eran alimentos de “lujo”, y que las familias cocinaban a diario el plato de potaje, a base de legumbres (garbanzos sobre todo y lentejas). Hoy sabemos que estos platos solo necesitan componentes como frutos secos o cereales para ser completas. Creo que el plato diario de legumbres podría paliar estas deficiencias alimenticias familiares, con un coste más que aceptable, que necesitaría una menor cantidad de carne como suplemento. Además, los bancos de alimentos ayudan a familias sin recursos.

Y pienso que el problema está en ponerse a cocinar. No siempre hay tiempo, ganas o formación o habilidad para ello. Pero las legumbres son el gran remedio contra la desnutrición. Y pueden ser sustitutivos de carne y pescado. Hay que decir también que frutas y verduras han experimentado un importante incremento en el precio.

Preocupante es que tantos hogares no puedan permitirse por ejemplo comprar carne blanca, o incluso pescado fresco barato como sardinas o bacalao fresco, que tienen mucho interés nutricional.

El reportaje citado informa de que cada vez es más caro llenar la nevera. Es difícil comprar sin salirse de un presupuesto limitado, corto y a veces inseguro. Los sueldos no se recuperan tras la supuesta recuperación de la crisis. Y para colmo, las facturas energéticas no paran de aumentar, limitando la renta disponible en muchas familias de bajos sueldos.

Y en toda esta tesitura de precariedad doméstica, pienso en la comida basura, que entra en muchos hogares –pobres o no- , pero que representan la poca planificación a la hora de cocinar, y que lleva a malos hábitos alimenticios y por supuesto al riesgo de enfermedades.

Hoy más que nunca es preciso formar en cocina a muchas familias, sobre todo entre la gente joven (por desinformación) y los mayores (por falta de “actualización” alimenticia. Al final, es un problema de todos.  

De momento necesitamos 700.000 platos de potaje.