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Nos invaden. No solo habitan doblados por los muebles de la cocina, en los cestos de verduras y patatas, en los cajones de los lavaderos, en los costureros, en nuestros bolsos, en los armarios…en fin, los plásticos están por todos lados. Teniendo en cuenta que llevo varios años utilizando bolsas propias (todas ellas lavables), y evitando que los vendedores me den bolsas de plástico (llevo mis bolsas), resulta que este problema es más complicado de lo que parece, porque hay plástico en casi todo lo que se menea. La revista OCU de junio les dedica un reportaje completísimo. Y hay que parar esta invasión de alguna manera.

Orígenes: el plástico se desarrolla a principios del siglo XX, alcanzando su mayor nivel en los años 50. Hoy estamos realmente “plastificados”, porque usamos el plástico para todo: basura, recipientes, pinturas, prendas textiles, envases cosméticos, ajuar de cocina, etc.

Los datos:  el plástico tarda muchísimo en degradarse (como muestra, los cubiertos de usar y tirar, que necesitan 1000 años). Según cálculos, el 80% de la basura marina corresponde a plásticos y el 50% a productos de un solo uso.

Pueden clasificarse en : microplásticos primarios (son el 30% de los que llegan a los  océanos), porque vienen de productos en los que están incluidos expresamente como ingrediente, o bien salen por casualidad de otros materiales. En su mayoría proceden de actividades terrestres y los arrastra el agua de las depuradoras, de los ríos o de la lluvia, etc., Sus fuentes son textiles sintéticos, neumáticos, polvo urbano, pintura de carreteras, de barcos, cosméticos y de la industria del plástico.  Y los microplásticos secundarios son la gran mayoría de los microplásticos que contaminan los océanos. Sus orígenes son los desechos de plástico que llegan a este medio y se descomponen lentamente bajo el agua, por la acción de olas, viento y sol.

Plazos de degradación: los cigarrillos necesitan 10 años para desaparecer; las tazas de poliestireno 50; las bolsas de plástico 20 años y ¡las anillas de latas unos 400 años!. Los pañales, 450 años; los cubiertos de plástico entre 100 y 1000 años!. Y las botellas, algunas de ellas no llegan a descomponerse nunca.  Por no hablar del daño en los animales que tragan estos plásticos o quedan atrapados en ellos.

A este paso, los océanos se han convertido en un auténtico vertedero de plástico, sin límites ni fronteras. Pero además está empezando a afectar al sector turístico (playas, pesca). El plástico se está empezando a meter en la cadena alimentaria a través de pequeños y grandes animales, que sufren ahogos, obstrucciones, perforaciones o malnutrición.

Los plásticos llevan aditivos tóxicos que pueden interferir en procesos biológicos. Todavía no se sabe con exactitud los efectos en la alimentación humana, pero no deja de ser un riesgo emergente la presencia de microplásticos.

Qué hacer: los consumidores debemos emplear menos plásticos en nuestra vida cotidiana: comprar más a granel, o preferir envases de cartón o cristal, comprar con bolsas reutilizables, no comprar agua embotellada sino con nuestro propio recipiente.  No comprar productos de usar y tirar y sustituir por otros igualmente eficaces (jabones, champú sólido…). Es conveniente también optar por tejidos naturales, reducir las bolsas de basura, y unirse a las campañas de reciclado.

Todo lo expuesto por OCU en el reportaje nos puede hacer reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo. Es cuestión de analizar lo que compramos y cómo viene presentado, en qué tipo de envase. Y además, es una cuestión de despilfarro innecesario.

De momento estos cubiertos de plástico que tengo siempre en casa, llevan muchas celebraciones encima, porque en lugar de tirarlos los lavamos en el lavavajillas y siguen como nuevos. Su tiempo de degradación es excesivo y nuestro medio ambiente no se lo puede permitir.

De momento los supermercados LIDL van a eliminar las bolsas de plástico, una buena iniciativa que los demás deberían imitar.

 

Fuente: revista OCU COMPRA MAESTRA mes de junio 2018.