Ha sido un taller corto –cinco días- aunque intenso. Además de por las muchas recetas, se ha caracterizado por otros detalles como coincidir con el Ramadán de una de sus alumnas y por la condición de refugiada de varias de ellas. También por haber hecho prácticas con el robot de cocina como modo de conocer otras técnicas culinarias. Ahora nos despedimos de todas deseándoles suerte. En Octubre, previsiblemente, habrá otro grupo de alumnas.

Doce chicas procedentes de Perú, República Dominicana, Venezuela, Honduras, Bolivia, Nicaragua (el país con más alumnas) y Marruecos, han formado este magnífico grupo que, al igual que el anterior, vienen a España con la ilusión de encontrar trabajo al menos en el servicio doméstico, previa regularización de su situación laboral. Todas han recibido clases de cocina impartidas por nuestra Asociación Comeencasa.

Nuestro cometido está bastante claro: solo enseñarles a cocinar sano y en modo familiar, así como darles nociones de nutrición y gastronomía. No tenemos que intervenir en sus problemas personales. Pero es inevitable que surjan comentarios y alusiones a su situación y su lucha por sobrevivir en nuestro país, así como por alcanzar la nacionalidad española.

Algunas ya están trabajando –tienen papeles- , otras –recién llegadas- dejaron en sus países a hijos pequeños. Y la mayoría solo piensa en volver cuando en su tierra se mejore social y económicamente, empezando por la paz y la convivencia.

El jueves pasado lo dedicamos a elaborar una pescada en blanco, una pechuga de pavo con pasas y piñones, una sopa de coliflores, unos pimientos asados y una crema de calabaza roja (esta última con la thermomix de mi casa).  Las comidas preparadas se degustaron en el taller, a excepción de Rajae, musulmana en pleno Ramadán, que se las llevó a casa en fiambreras para consumirlas a la caída del sol.

La Asociación Comeencasa sigue activa en su cometido de enseñar a cocinar en formato doméstico para encontrar trabajo. Somos un grupo modesto de tres personas más tres voluntarias, pero estamos constituidos legalmente sin ánimo de lucro. Solo echamos de menos contar con un espacio de cocina adecuado para impartir estos talleres a otros colectivos, además de estas chicas, como jóvenes preuniversitarios: una cesión gratis de parte de alguna entidad pública para desarrollar nuestra actividad.

De momento, nos despedimos hasta después del verano, para continuar con los talleres en nuevos grupos de alumnas. Ahora toca lavar delantales, ordenar cacharros y liquidar gastos. Tras la entrega de diplomas acreditativos de la formación, les hemos deseado mucha suerte de corazón. La van a necesitar: han apostado fuerte por cambiar sus vidas y las de sus familias y se lo merecen.