Esta noche estoy obligada a escribir algo sobre la nutrición, que para eso es su día: el proceso involuntario de ingesta, absorción, metabolismo y eliminación en nuestro organismo. Es distinta del concepto de alimentación, un acto voluntario y manejable, que engloba diferentes modos de comer y que supone la satisfacción a una necesidad. Y la dieta no es sino el conjunto de alimentos ingeridos habitualmente por la persona. Este año viene con la recomendación del consumo de legumbres, magnífico.

Hay quien come mal por desconocimiento, por dificultad en acceder a los alimentos o por propia voluntad. Dice la FAO que el 25% de la población mundial come bien o en exceso y que el 75% restante come mal o poco. Y aunque los recursos triplican las necesidades de alimentos en el mundo, lo cierto es que mueren 100.000 personas diariamente a causa del hambre, terrorífico.

Pero hoy quería referirme a la nutrición en sí, como ciencia moderna y en constante evolución, en carrera universitaria como diplomatura de grado de Nutrición Humana y Dietética; se obtiene así el título de dietista nutricionista, experto profesional que se está colegiando a nivel autonómico, por ejemplo en Andalucía. Curiosamente, con una gran mayoría de mujeres.

Los dietistas nutricionistas pueden trabajar en la sanidad pública (se consideran trabajadores sanitarios), como figuras imprescindibles de guías en los hospitales, y que velan no solo por el tipo de alimentos a incluir en las dietas de los enfermos sino también por la calidad, sabor y presentación de los mismos. También tienen un importante papel en los comedores escolares, en dónde marcan pautas de consumo semanales de frutas por ejemplo. Otra cosa es que estos centros cuenten con estos profesionales en su plantilla o como asesores externos (falta haría, desde luego).

Pero los dietistas-nutricionistas trabajan sobre todo en el sector privado, abriendo sus propias consultas, desde las que pueden modificar los hábitos alimenticios de mucha gente, por salud y calidad de vida.

Por tanto, creo que la figura del dietista-nutricionista es al día de hoy fundamental en un mundo con tanta variedad de productos alimenticios en el mercado, y al mismo tiempo tanto desconocimiento sobre la naturaleza de los mismos.

No obstante, observo que todavía existen discrepancias y diferentes visiones y opiniones sobre el modo general de comer según los diferentes expertos. Y no solamente en cuanto a los alimentos ultraprocesados -que todos sabemos perjudiciales y de escaso interés nutricional-, sino también por los diferentes criterios sobre cuestiones como la necesidad de consumo de hidratos de carbono como el pan, o para el caso de los lácteos, y sobre todo el tema del alcohol milenario (cerveza y vino), que el colectivo califica abiertamente como tóxico para la salud y que no hace mucho se consideraba incluido en nuestra dieta mediterránea. En cualquier caso, estos criterios van un poco en contra de nuestra cultura gastronómica milenaria.

Es cierto que la población hoy necesita saber de los alimentos y los peligros de sus manipulaciones, pero también es cierto que esa misma población está recibiendo constantemente información contradictoria sobre supuestos beneficios de ciertos alimentos. Todo ello no hace sino confundir al consumidor medio, que está entre los profesionales de la salud y los intereses de la industria alimentaria.

Supongo que la influencia de los dietistas nutricionistas se irá notando poco a poco en el modo de alimentarnos, en base a la gran cantidad de estudios que se están llevando a cabo sobre alimentación y salud en la población; pero todavía quedan muchas cuestiones por aclarar y unificar en lo que a nutrición se refiere.

¡Feliz día de la Nutrición!