Pues sí, el pasado sábado puse como entrante frío el gazpacho con mi receta de siempre, siendo el primero de 2018. Había encontrado unos buenos tomates maduros (ya empiezan a llegar con cierta calidad), procedentes de Conil según mi frutero.  Kilo y medio de tomates troceados, un pimiento verde, una cebolleta fresca, medio pepino, poca sal, vinagre de Jerez y aceite de oliva virgen extra (el triple de vinagre). Y punto. Bueno, tras el triturado correspondiente lo pasamos por un chino para eliminar restos de pieles.

Gazpacho fresquito, tomado con cuchara, sin pan ni agua por supuesto, que en casa lo preferimos así. Y que abre una temporada junto con el atún rojo, también recién incorporado al muestrario de alimentos estacionales. 

Un gazpacho que es un plato fácil de hacer por todos, fácil de servir y sobre todo fácil para encontrar sus ingredientes. Un plato perteneciente a la cocina en frío, y que lleva todos los elementos originales en nutrientes. Creo que podríamos tomarlo a diario durante su estación, hasta que llegue el otoño.

Ahora nos queda experimentar con otros ingredientes a modo de variación: fresas, remolachas, aguacates, etc., el caso es que estas sopas tan tradicionales se enriquezcan con otros sabores complementarios junto al tomate de siempre.

Tomate que cada año varía en calidad según la zona. Por ello cuento con mi frutero como asesor para que me lo seleccione.

El sábado pasado, de entrante, un buen gazpacho. Mañana también. De momento no quiero oir hablar de los gazpachos envasados por muy buenos que digan que están. El trabajo en la cocina es la mejor inversión en salud y en placer, aunque lleve su esfuerzo.