El martes es siempre mi día más complicado en la semana, no sé por qué. Aun así, fijamos para el pasado martes 15 la presentación de mi libro Los Miércoles, legumbres, en el Centro Cultural San José de Puerto Real, que tuvo poca asistencia de público por cierto, aunque fue de gran calidad, pero eso es lo de menos. Además de mi gratitud al Ayuntamiento puertorrealeño, tengo que agradecer a dos grandes gaditanos sus aportaciones al acto. Lo explico:

Llevaba yo mi guion para la presentación, adaptado a la ocasión con estos ciertos argumentos:  el haber presentado con éxito mi primer libro (Los lunes, lentejas) en una Asociación de mujeres, mi vinculación gastronómica con Puerto Real como jurado de tapas, nuestras frecuentes incursiones para comer o cenar por allí, y el contar con varios amigos en la villa referencia de los carpinteros de ribera. Pues nada de eso tuve oportunidad de leer.

Mi amiga Rosario Troncoso, una de los dos grandes, hizo la introducción que le dio la gana, abrió el libro y rompió el guion de cabo a rabo. No pude sino seguirle la corriente, que para eso la escritora tiene tablas presentadoras de sobra, y no me resistí. A mi tampoco me hace falta mucha estimulación para empezar a hablar, es más, soy yo quien estimulo a todo el mundo, pero por eso empecé a contar mis batallitas relacionadas con la cocina y sobre todo con la alimentación.

Como me sentí bastante libre sobre la mesa en lo que fue altar mayor de la antigua iglesia de San José (siglo XVIII), di rienda suelta a mis reflexiones y me volví a Víctor Palacios, el segundo grande; su profesión de investigador universitario como tecnólogo de alimentos me daba pie por un lado a expresar mis inquietudes y por otro lado, me coartaba mis afirmaciones, por aquello del riesgo de equivocarme junto a una eminencia en estos temas de la naturaleza de los alimentos, o mejor dicho productos, que hoy se comercializan.

En fin, hablamos de mil cosas alimentarias: de lo que se produce, de lo que se vende, de lo que se cocina y de lo que se consume. Un circuito inquietante que sale y vuelve al hombre y a veces con mil engaños por los listos de la industria.

A todo esto, la madre, poeta y profesora Troncoso reveló su preocupación por la conciliación culinario-familiar-laboral. Estaba representando a uno de los sectores de la población más numerosos, tanto que podría salir en manifestación contra un gobierno con cacerolada de inducción incluida. Víctor Palacios, aludió a la pérdida de cultura que conlleva el modo en el que hoy nos alimentamos, y todo ello porque necesitamos formación e información de lo que hay, y porque nadie nos informa. Pero la Universidad tiene pruebas de todo y ya lo sabemos.

Acto sin papeles, miradas cómplices y de admiración frente a mis dos acompañantes. Más que vender mi libro quería contar cosas para que el escaso público abriera los ojos y luego lo contara en sus casas. Y es que detrás de Los Miércoles, legumbres hay filosofía unida a proyectos de comunicación.

Si no un éxito comercial, un éxito de puesta en común frente a los micrófonos como testigos. Aprendí mucho de lo que deseaba aprender.

Gracias Charo y Víctor y gracias, Puerto Real. El martes no fue tan mal día para Los Miércoles. Contenta estoy de dar con los que saben.